Buenos Aires – Rio de Janeiro: mitos y realidades del costo de vida
“En este último año hubo un aumento de por lo menos 5% en los productos de los supermercados, que si hablamos de frutas y verduras se disparó como mínimo al 10%”, cuenta Assis, estudiante brasileño nacido en el estado de Espíritu Santo, que desde hace un año vive en Rio de Janeiro.
Su percepción no es desacertada. Sólo en el mes de abril, los cariocas observaron un aumento en la inflación de un punto porcentual, pasando del 0,58% al 0,68%, según el último informe de la Fundación Getulio Vargas (FGV), publicado hace tres semanas.
A nivel nacional también hubo aumento. La inflación anual se acentuó en 1,87%, acumulando un total de 5,25%, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Los principales responsables por esta aceleración fueron vivienda, alimentos y gastos personales.
“Realmente el costo de vida en Rio de Janeiro es caro. Yo llego a fin de mes porque aprendí a organizarme, pero en esta ciudad es muy fácil quedarse pobre a principio de mes”, agrega Assis.
En lo que a salidas nocturnas se refiere Buenos Aires es más caro. En Rio de Janeiro un trago, caipirinha por ejemplo, cuesta entre 5 y 20 reales, unos 2,50 a 10,30 dólares, mientras que en Buenos Aires, el costo de una bebida similar varía entre 30 y 50 pesos, equivalentes a 6,50 a 11,20 dólares.
“La última vez que vine a Rio fue en 2008 y noto que los precios aumentaron especialmente en transporte, comida y alquileres. Por ejemplo, no entiendo porqué los lácteos aquí son tan caros. Lo mismo sucede con la ropa. En mi país te compras un par de zapatillas de marca, dos o tres veces más barato que en Rio”, cuenta Kasia oriunda de Polonia.
En el área de transportes es en donde se registra la mayor diferencia de precios. El boleto de colectivo en Rio de Janeiro es, increíblemente, cinco veces más caro que en Buenos Aires y el de subte tres veces más. En la capital argentina, el boleto mínimo de ómnibus es de 1,10 pesos (0,25 dólares) y en Rio, de 2,75 reales (1,42 dólares). El pasaje de subte en Buenos Aires cuesta 2,50 pesos (0,55 dólares) y en Rio, 3,20 (1,65 dólares).
Sin embargo, comer todavía es más barato en Rio de Janeiro. Prueba de ello, y pese a la inflación, son los datos que desde Buenos Aires el periodista Ignacio Incardona cotejó junto a los precios cariocas. Sólo para nombrar algunos productos: Un kilo de naranja cuesta en Rio 0,6 dólares, en Buenos Aires 1,1; una lata de tomate sale en Rio 0,8 dólares y en Buenos Aires 2,7; medio kilo de jabón en polvo regular cuesta en Rio 1,9 dólares, en Buenos Aires 6 dólares.
En bebidas, los supermercados porteños tienen mejores precios. Comenzando por los vinos, que son claramente más baratos que en Brasil, en donde si bien la industria vitivinícola nacional ha ganado terreno, aún depende de la exportación. Es así, que en Rio de Janeiro una botella de un vino de mesa regular cuesta aproximadamente 5 dólares, en Buenos Aires 1,50. Esa diferencia no es tanta si comparamos los precios de una botella de 2,5 litros de Coca Cola. En Rio cuesta poco menos de 2 dólares y en Buenos Aires 2,46.
Por su parte, el polémico Instituto Nacional de Estadística y Censos en Argentina (INDEC) dio a conocer días atrás la inflación de abril: 0,8%, número que economistas y legisladores opositores al gobierno de Cristina Kirchner calcularon en 2,1% la inflación del mes pasado.
Ya en alquileres, las diferencias son favorables a Buenos Aires, en donde los costos promedian los 2.500 pesos, 560 dólares mensuales por un departamento de un ambiente en un barrio regular. El mismo piso en Rio de Janeiro cuesta al menos el doble.
“Eso se debe a la especulación inmobiliaria, por la Copa y las Olimpiadas. El evento no llegó, ni se terminaron las obras, la población aún no ha visto ningún beneficio y ya aumentaron los precios de esa forma”, reclama Assis. Y es real, alquilar se puso especialmente difícil para la población local. Sobre todo si consideramos que el salario mínimo es de 622 reales, unos 321 dólares.
En el sector automotriz las diferencias no son grandes. El Palio “Fire” Economy en Rio de Janeiro cuesta 25.790 reales, equivalentes a 13.350 dólares, en Buenos Aires 58.800 pesos, unos 13.154 dólares. Lo mismo se observa en cuanto al sector tecnológico, por ejemplo, una TV Phillips LCD 40 pulgadas cuesta en Buenos Aires 900 dólares, en Rio 975.
Maestría de la Universidad Nacional de Rosario
Se encuentra abierta la inscripción a la décima primera promoción de la Maestría en Integración y Cooperación Internacional de la Universidad Nacional de Rosario dirigida por el Dr. Alfredo Bruno Bologna. Los días de cursado son los viernes por la tarde y los sábados por la mañana y las clases comenzarán el 24 de agosto de 2012. El cierre de inscripción es el 31 de julio de 2012.
La Maestría tiene una duración de dos años. Por un acuerdo firmado entre el Ministerio de Educación de la Nación y la Universidad Nacional de Rosario se otorgan becas a los graduados provenientes del MERCOSUR Ampliado, incluyendo Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay y Venezuela. Existe también un programa de becas resultante de acuerdos bilaterales para los demás países de la región.
El Master está dirigido a egresados universitarios procedentes de las carreras de Ciencias Humanas, Sociales y Económicas y está acreditado porla CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria).
Para mayor información se puede consultar al CERIR, Tele-fax (0341) 4201231, de lunes a viernes de 9 a 12 hs., e-mail: mici@unr.edu.ar . Dirección postal: Maipú 1065, 3er Piso, Of. 301, 2000, Rosario, Argentina. Para consultar el plan de estudio y el plantel docente se puede ingresar en:http://www.cerir.com.ar
Conversando con Kenneth Waltz
Uno de los autores imprescindibles para entender las Relaciones Internacionales, es el doctor Kenneth Waltz, conocido por libros como “El hombre, el Estado y la guerra”, “Teoría de Política Internacional”, “Foreign Policy and Democratic Politics: The American and British Experience”, “El realismo y la Política Internacional”, entre otros.
Kenneth Neal Waltz nació en 1924 y es en vida, uno de los teóricos más prominentes del campo. Profesor de la University of California, Berkeley y Columbia University, co-fundador del neorrealismo, concentra su foco de interés especialmente en el papel del Estado, la anarquía del sistema internacional, el poder (balance de fuerzas que tras el 11S se convirtió en “balance de amenazas”), la guerra, asuntos nucleares y militares, como para nombrar los destacados.
Ha editado en decenas de idiomas, siete libros esenciales para la ciencia, y publicado innúmeros artículos. Quien esté familiarizado con el estudio de la política internacional, con absoluta certeza, habrá leído alguna vez, algún texto de Waltz.
Por eso me pareció interesante hacerles llegar este video. Es una entrevista en donde Harry Kreisler conversa amenamente sobre su vida, sus elecciones personales, su familia, su carrera y luego explica conceptos teóricos. Recomiendo que escuchen con especial atención cuando habla sobre la idea de la estructura de las teorías de las Relaciones Internacionales y sobre su visión del mundo unipolar, en donde incluso le dedica un espacio a la visión china del mundo soviético. También opina sobre Bush e Irak.
Al final de la entrevista, Kreisler le pide consejos para los estudiantes.
- Además de leer, ¿cómo deben prepararse para este futuro incierto del que habla? Digo, si están interesados en la política internacional.
- Una buena forma es leer The New York Times. Creo también que International Security es un excelente diario. Pero además ¿qué pueden hacer? Pueden leer, pueden discutir, pueden pensar. No hay mucho más. O pueden convertirse activamente en politicos. Si, por supuesto, pueden ser politicamente activos.
Sin más. Los dejo con el genial Kenneth Waltz.
Mesa Redonda: Política Externa Brasileña
Si estás en Rio de Janeiro, estás invitado al debate “Política Externa Brasileña: Las prácticas de las políticas y la política de las prácticas”, organizado por el Instituto de Estudios Sociales y Políticos (IESP). El evento es el viernes que viene (27/04) a las 14 horas en la sede del IESP: Rua da Matriz, 82 – Botafogo.
Los expositores serán los doctores: Leticia Pinheiro, Carlos R. S. Milani, Miriam G. Saraiva y André de Mello e Souza.
Acá más información:
Os desafios da cooperação global
É interessante a visão de José Antonio Ocampo[i] sobre a cooperação global. Para ele há três objetivos fundamentais nessa área:
- Gerir interdependência.
- Promover o desenvolvimento da sociedade.
- Superar a assimetria que caracteriza o mundo atual.
O primeiro passo importante nessa cooperação foi sem dúvidas o Tratado de Versailles, pelo qual se criou a ONU y a International Labour Organization (ILO). Estas organizações expandiram o dialogo internacional, objetivo primeiro da cooperação global, e lograram por primeira vez também, avançar no segundo objetivo: o desenvolvimento. Isto ficou claro com a Declaração Universal dos Direitos Humanos incorporados à economia, sociedade e direitos culturais. Já o terceiro objetivo ficou amarrado às consequências da descolonização e paradoxalmente ao nascimento dos países em vias de desenvolvimento. O autor chama isto de “pecado original”, herança das estruturas coloniais, agora em termos de vozes e assimetria econômica. Esta última facilmente reconhecível nas relações Norte-Sul.
A ONU fornece um fórum no qual as ideias, propostas e políticas são debatidas, mas quando se trata de sérios acordos e implementações, o debate se dirige só as instituições nas quais os países industrializados têm confiança.[ii]
Existe ainda uma crucial diferença entre o objetivo primeiro e o segundo. No primeiro, os Estados compartilham a soberania das organizações internacionais, o qual facilita em teoria a aplicação de políticas. Já no segundo objetivo, – promover o desenvolvimento das sociedades – os Estados não estão dispostos a ceder na sua soberania. Ela é indisputável. Isto representa um freio às intenções da cooperação global.
As dificuldades não param por aí. Elas estão relacionadas também à falta de mecanismos de coordenação entre as organizações e os Estados, que estejam em condições de garantir coerência. Os organismos ficam então numa posição enfraquecida, e fraca é também a responsabilidade para os compromissos internacionais.
Por isto é que é necessário fundar uma “coesão social global”.
Por outra parte, resulta evidente que as oportunidades econômicas são significativamente afetadas pela posição hierárquica mundial. Questão que acaba sendo, nas palavras de Ocampo, “um campo de jogo não nivelado”. As causas disto são três: a vulnerabilidade macroeconômica dos países em desenvolvimento aos shocks externos, a alta concentração de tecnologia e ciência nas mãos dos países desenvolvidos (cuja transferência é cara e limitada), e finalmente o contraste entre a alta mobilidade de capital e as fortes restrições no movimento internacional de mão de obra, o que é característico da globalização.
Contrariamente, na área de desenvolvimento sustentável, novos princípios parecem estar sendo alvos de debates. No Earth Summit de Rio de Janeiro de 1992, falou-se por primeira vez em “responsabilidades comuns, mas diferenciadas” para países desenvolvidos e países em vias de desenvolvimento. Basicamente pedia-se um campo de jogo nivelado.
Mas o autor adverte que o enorme poder dos países desenvolvidos e das grandes multinacionais, é consequência também da desorganização dos países emergentes. Este comportamento está relacionado a seus frágeis mecanismos de ações coletivas, mas também a “políticas competitivas” geradas pela própria globalização que faz com que cada país amostre aos inversores seu setor mais atrativo numa era de grande mobilidade de capitais e enormes suscetibilidades para a recolocação de produtos. Esta situação afeta então a resistência da maioria dos países a compartilhar a soberania de suas economias nas organizações internacionais, revelando-se a fragilidade mundial.
O regionalismo dos países emergentes tampouco tem tido efeitos marcantes. As coalizões não resultaram em laços fortes nem compromissos duradouros.
Por outra parte, só os governos autônomos poderão promover a democracia a níveis globais. E neste ponto, é preciso resaltar que a ordem internacional deveria respeitar fortemente a diversidade.
Os maiores desafios são a criação de instituições fortes baseadas numa densa rede regional e nacional, igualar a participação dos países emergentes na governança mundial, que tenham voz e representação; a necessidade de superar a tensão entre a inclusão e a legitimidade associada a ela (especialmente as preferências dos países desenvolvidos pelos Gs) por um lado y por outro superar as estruturas de poder. Ademais, é vital a procura de coerência que traga um sistema efetivo de vigilância e responsabilidade nos compromissos internacionais.
[i] Jose Antonio Ocampo é Ph.D. em Economia pela Universidade de Yale. É professor da School of International and Public Affairs (SIPA) e Fellow do Committee on Global Thought at Columbia University, desde julho de 2007.
[ii] Jolly, 2009, p 108; Ocampo, 2010
Las Islas Malvinas antes de la guerra

A 30 años de la guerra de Malvinas muchas son las investigaciones, debates y reflexiones. Las discusiones se encienden rápidamente y con frecuencia el tema suele centrarse en 1982. Me sorprende que incluso académicos de las Relaciones Internacionales hagan a un lado la historia, para darle lugar destacado – otra vez –al trágico enfrentamiento. ¿Por qué ustedes, los argentinos, quieren tanto esas islitas? ¿Cómo se les ocurrió enfrentarse con una potencia naval como Inglaterra? ¿Ustedes realmente piensan que les van a devolver las Malvinas? ¿Vos irías a combatir por las Islas?, me preguntan. Pocas veces respondo con seriedad. Es un tema largo, complicado y aunque no quiera, me afecta. Creo que, de algún modo, nos afecta a todos los argentinos.
Sin embargo, dada la fecha, la coyuntura actual y mis ganas, preparé una breve (pero didáctica) explicación de los hechos que nos llevan a los argentinos a seguir exigiendo la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur. Voy a comenzar por el descubrimiento, avanzar sobre los problemas comerciales entre España e Inglaterra de 1700, explicar la primera colonia de origen francés, el subsiguiente retiro de Francia, la posesión española, la colonia inglesa y su expulsión, mencionaré algunos tratados y luego el problema de la naciente Argentina, conocida entonces como Provincias Unidas del Rio de La Plata. Seguiré por la función de los Estados Unidos a favor de Inglaterra, la invasión inglesa y finalmente, el comienzo del reclamo argentino ante el mundo.
Espero con esto homenajear al pueblo en su lucha por las Malvinas, y en especial a los ex combatientes.
De economía y otras estrategias
A diferencia del ¨descubrimiento¨ del continente americano, en las islas Malvinas no había población autóctona. Las duras condiciones climáticas, la distancia y la falta de conocimientos marítimos de las poblaciones continentales la mantuvieron desconocida hasta entrado el siglo XVI. Los relatos sobre su hallazgo nos hablan de cinco posibles descubridores. El primero sería Américo Vespucci, quien en 1502 desembarcó desde Lisboa y que por casualidad habría dado con las Islas. Sus descripciones son poco precisas y bastante confusas, por lo que no es tomado muy seriamente por los historiados. Lo mismo pasa con Magallanes, que en 1520 hace de la misma manera alusión a un paraje hostil, sin mucho más detalle. Ya en 1540, Alonso Camargo, a cargo de la nave española Incógnita, partió desde Sevilla y dio claras muestras de estar en frente de las Malvinas. Según Goebel y Destefani[i], Camargo es apuntado como el más probable descubridor. Por otra parte, en 1592, el inglés John Davis, a mando del Desire se proclamó también descubridor de las Islas. Sin embargo, esta versión es dudosa ya que los detalles y las descripciones de la expedición son imprecisos pero sobre todo porque aparecieron después de los relatos del holandés Sebalt de Weert, que en 1600 llegó a las islas, y que es considerado como el que dio el primer avistaje comprobado y no objetado. Lo mismo pasa con el segundo inglés que dijo haber descubierto las islas, Richard Hawkind, quien habría llegado en 1594, pero que sólo lo contó después de 1600, usando palabras de Sebalt de Weert.
Las expediciones con diferentes banderas continuaron durante 130 años, hasta que en 1730, las Malvinas toman por primera vez importancia estratégica. Por estos años, el Imperio español y el británico mantenían serios conflictos comerciales. Inglaterra en su afán de mejorar su situación económica, preparó dos expediciones a América, una destinada a los ¨mares del sur¨, desde donde pretendían atacar Buenos Aires y otra a las costas del Pacífico, donde querían tomar Panamá. Las rutas no fueron fáciles y los barcos ingleses decidieron cambiarlas hacia Filipinas, de donde volvieron con un buen botín.
Por entonces, el almirante Anson, mandó una carta a la corona inglesa, en donde propone como ¨prioridad absoluta para Inglaterra poseer una base naval en algún punto del sur de Brasil¨, pudiendo ser este, las islas Pepys o las Malvinas. En 1749, Anson asume como Oficial ejecutivo principal del Almirantazgo y ordena inmediatamente una expedición. El embajador español se enteró y protestó ante Londres, siendo ésta la primera vez en que las Malvinas entran en discusión diplomática. Por su parte, Inglaterra contestó que la expedición tenía fines científicos, pero mismo así le fue negado el permiso. Dado a que Inglaterra tenía otros problemas internos, no insistió.
Por otra parte, Francia también estaba arruinada. La guerra de los Siete Años (1756- 1763) le había salido muy cara. Por eso intentó reconstruir su imperio a costas de España, que también andaba mal de cuentas. Ya había perdido Florida y el este del Mississipi. Viendo esta debilidad, Francia desembarca en la Isla Soledad en enero de 1764, estableciendo la primera colonia a la que llamaron Puerto Louis, en honor al rey francés, Luis XV. Allí se instalaron 150 colonos. Seis meses después España supo de la colonia y empezó las negociaciones con Francia. El acuerdo resultante terminó en una indemnización de España a Francia de 618 mil libras esterlinas para que se retirasen. A partir de entonces los franceses nunca más reclamaron derechos sobre las Islas.
Es así que en 1767, el imperio español se hace cargo formalmente de Puerto Louis, al que cambió su nombre por el de Puerto Soledad, dependiente ahora de la gobernación de Buenos Aires, a cargo de Francisco Bucarelli. Como gobernador de la colonia fue nombrado, Felipe Ruiz Puente.
Sin embargo, en 1764 Inglaterra, despachó en secreto absoluto, una expedición bajo el mando del comodoro John Byron, que un año después se establece en el noroeste de la Isla y bautiza como Puerto Egmont. Byron escribió: “Tomo posesión de este puerto y de las islas adyacentes en nombre de su Majestad el Rey Jorge III de Gran Bretaña, y las nombró Islas Falkland”. Hasta el momento, nada sabían los ingleses sobre la colonia francesa. En 1766 arribó otra expedición inglesa que a fin de ese año se encontraría con los franceses.
Viendo este escenario, en 1768, la corte española le exigió al gobernador de Buenos Aires, Francisco Bucarelli que expulsara inmediatamente a los ingleses. Desde Montevideo, Bucarelli organiza su flota y el 10 de junio de 1768 los expulsó. Este acto fue tomado por Inglaterra como un agravio al honor. Inglaterra y España se prepararon entonces para la guerra. España contaba con el apoyo de Francia, que tras el Pacto de Familia, se veía obligada a participar a su favor. Pero Francia no tenía interés ni capacidad económica para involucrarse en otra guerra. Viendo estas dudas, España decidió negociar.
El rey español, Carlos III accedió entonces a devolver a la corona inglesa el puerto Egmont, si éstos respetaban la soberanía española en las Islas. Tras la firma del acuerdo España fijó su soberanía. Pese a esto, los ingleses sólo se retiraron tres años después, y no por respetar el acuerdo, sino porque una profunda crisis económica los obligó. Antes de zarpar dejaron la siguiente placa:
Sepan todas las naciones, que las islas Falkland, con este fuerte, los almacenes, desembarcaderos, puertos naturales, bahías y caletas a ellas pertenecientes, son de exclusivo derecho y propiedad de su más sagrada Majestad Jorge III, Rey de Gran Bretaña, Francia e Irlanda, Defensor de la Fe, etc. En testimonio de lo cual, es colocada esta placa, y los colores de Su Majestad Británica dejamos flameando como signo de posesión por S. W. Clayton, Oficial Comandante de las Islas Falklands. A.D. 1774
A partir de entonces y hasta 1811, el imperio español ejerció administración absoluta e ininterrumpida. Actuaron 18 gobernadores, anualmente se enviaba un barco con provisiones desde Montevideo, y si bien no había colonos, había población militar: oficiales y tropas, y además prisioneros.
Es importante destacar que tras la Convención de San Lorenzo o Nootka Sound, de agosto de 1790, España e Inglaterra ponen fin a enfrentamientos coloniales, tratado que repercute en el conflicto de las Malvinas. Mediante este, los ingleses tenían permiso de comerciar en el Pacífico, podían navegar y pescar libremente después de diez leguas de la costa. Además ambos países se comprometían a no formar nuevas colonias y asumían que aquello ocupado, permanecería en status quo. Por lo que Inglaterra reconoce la soberanía española en todos sus territorios, por extensión, las Malvinas.
Durante estos años ya comienzan a gestarse las revoluciones que darían lugar a la Revolución de Mayo y posterior independencia de las Provincias Unidas del Rio de la Plata. Fue por este motivo que el gobernador de Montevideo llamó a las tropas malvinenses a luchar contra la revolución, dejando las Islas desocupadas luego de 37 años de ocupación indiscutida.
La mano de Estados Unidos
En 1820 el gobierno de las Provincias Unidas del Rio de La Plata dio su primera muestra de soberanía en las Islas. Envió a la fragata Heroína, a cargo del coronel Daniel Jewett, quien formalizó la posesión evocando el principio Uti Possidetis, que define la soberanía territorial en base a antiguos límites administrativos coloniales. Por este principio, quedó prohibida la caza y la pesca de buques extranjeros. Caso contrario serían llevados a Buenos Aires.
Este decreto fue publicado en Estados Unidos, España, Francia y Reino Unido, éste último no protestó. Además en 1825, varios países firmaron con las Provincias Unidas, Tratados de Amistad, Comercio y Navegación, en donde reconocen la independencia de la joven Argentina y de todos los territorios soberanos, incluidos las Islas. Acá tampoco hubo protestas inglesas.
En 1823 fue designado como gobernador Pablo Arigueti, quien concedió derechos de exploración vacuna y de pesca a Jorge Pacheco y Luis Vernet. Pacheco desistió de vivir en la Isla en cuanto Vernet, un francés naturalizado argentino, se estableció en ellas y fue nombrado Primer comandante político y militar de las Islas.
Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la España tenía una posesión material en las islas Malvinas, y de todas las demás que rodean al Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho del primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa y por la cercanía de estas islas al Continente que formaba el Virreynato de Buenos Aires, de cuyo Gobierno dependían. Por esta razón, habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas Provincias la antigua metrópoli, y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas a pesar de que las circunstancias no han permitido ahora dar a aquella parte del territorio de la República, la atención y cuidados que su importancia exige, pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que pueden poner a cubierto los derechos de la República, haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que pueden dar los productos de aquellas islas, y asegurando la protección debida a su población; el Gobierno ha acordado y decreta:
Artículo 1°: Las islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el Mar Atlántico, serán regidas por un Comandante Político y Militar, nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República…[ii]
Tras este decreto, resurge el interés británico en las Islas y la protesta en la voz del Cónsul general Woodbine Parish.
Mientras tanto, los pesqueros no tomaron en serio el aviso argentino que prohibía la pesca. Es así que el gobierno de las Provincias Unidas capturó tres barcos de bandera estadounidense: el Harriet, el Superior y el Breakwater. Esta acción tuvo consecuencias dramáticas a los intereses argentinos.
Por empezar el Cónsul estadounidense, George W. Slacum reclamó fervientemente, dijo no reconocer la autoridad de Vernet, desconocer la soberanía argentina en la isla y por ende rechazar la prohibición de pesca y caza. Además, Slacum tenía muy poco respeto por la nueva nación. Prueba de ellos son cartas que mantiene con ingleses en donde se refiere despectivamente al gobierno argentino, que llama de piratas e indios, entre otras cosas. Además recomienda a Inglaterra nunca renunciar a sus ¨legítimos¨ derechos y por último aconseja a su propio gobierno ¨aumentar inmediatamente nuestras fuerzas en este Rio (de la Plata)¨.
El gobierno estadounidense escuchó y en diciembre de 1831 llegó a las Malvinas, el buque Lexington ostentando bandera francesa. Tomó prisioneros y los dejó en Montevideo, declarando las Islas Res Nullis, es decir, libre de todo gobierno.
La protesta de Buenos Aires no demoró en llegar, exigiendo que Slucum fuera reemplazado y suspendió contactos con él. Estados Unidos cambió al representante. Puso en su lugar a Francis Baylies, quien sólo agravó los errores de su predecesor. Esto llevó a la ruptura de relaciones entre Argentina y Estados Unidos por 11 años.
Es interesante saber qué pensaba el gobierno estadounidense de Argentina por esos años. Así, por ejemplo, le escribía Baylies al Secretario Livingston en una carta “private & confidential”:
Señor, es una verdad y una tristeza que la gente de estas regiones no tenga idea de ese sentimiento que nosotros llamamos amor al país- la tarea de gobierno es un trabajo y sus cargos son considerados como una clase de empleo para enriquecerse- una suerte de licencia para recibir sobornos. No hay ni consistencia, ni estabilidad, o libertad en esa República Argentina. Las revoluciones de esta gente son insurgencias. Su saber son la chicanería y el engaño (chicanery and trick)- su patriotismo una jactancia, su libertad una farsa- una tribu de Indios bien organizada tiene mejores nociones de ley nacional, derechos populares y política interna.[iii]
Mientras estos cables de Wikileaks daban vueltas, Argentina intentaba ejercer su soberanía en las Islas y organizar su vida política. En 1832 mandó al mayor Esteban Mestivier a bordo del Sarandí, como nuevo gobernador de las Malvinas. Estados Unidos, opinó que este era un acto de ¨negación directa¨ ante los derechos ingleses y además ¨ineficaz¨. Por lo de ineficaz, tan equivocados no estaban. Un levantamiento de las tropas argentinas, terminó en el asesinato del mayor Mestivier. En su lugar fue enviado José Maria Pinedo, que una vez restaurado el orden fue nombrado nuevo gobernador.
Toda esta situación era propicia a los intereses ingleses. Argentina era un país nuevo, desorganizado, con innumerables problemas internos. Las Islas estaban ocupadas por un puñado de argentinos, cuya capacidad defensiva no podría lidiar nunca con la ofensiva inglesa.
Así fue que en diciembre de 1833, Pinedo y los habitantes argentinos fueron expulsados de las Islas tras el arribo a Puerto Egmont, de la corbeta Clio y más tarde del Tyne.
El historial de reclamos argentinos comienza con la Protesta de Manuel Moreno, en ese momento representante nacional ante el gobierno inglés, que data del 17 de junio de 1833 y que iniciaba así:
Las Provincias Unidas del Río de la Plata, como comunidad política independiente, reconocida por Gran Bretaña y otros estados, sucedió a España en los derechos territoriales de ésta en esa jurisdicción. Las Malvinas habían sido claramente patrimonio de la Corona española. Por lo tanto, dado que la soberanía española sobre las islas había cesado por la independencia de sus territorios en América, Gran Bretaña no tenía derecho a reclamo alguno, por derechos ya extinguidos.[iv]
Pese a esto, la ocupación inglesa es desde entonces ininterrumpida.
Las causas que llevaron a la última dictadura argentina al conflicto bélico contra Inglaterra, respondieron a un evidente manotazo de ahogado. Un groso error de cálculo, un importante retroceso en cuestiones diplomáticas, una tragedia para miles de familias. En fin, el resto de la historia ya la conocemos.
[i] CISNEROS, Andrés. ESCUDÉ, Carlos. Historia General de las Relaciones Exteriores de la Argentina. Editorial Iberoamérica, pp 41
[ii] DESTEFANI, Laurio H. Malvinas Georgias Y Sandwich Del Sur ante el Conflicto con Gran Bretaña. Buenos Aires 1982, pp 80-81
[iii] MANNING, Alex. The Falklands War – A Military History, pp135
[iv] PERL, Raphael. The Falkland Islands Dispute in International Law and Politics: A Documentary Sourcebook. Dobbs Ferry, New York: Oceana Publications, 1983, pp 318-319
Sobre la cientificidad de las Relaciones Internacionales: cuatro grandes debates
¿Se puede afirmar que el estudio de las Relaciones Internacionales constituye una ciencia? La discusión ha sido prolífica y extensa. A esta cuestión está dedicado el primer capítulo de International Relations Theory[i], de Dunne, Kurki y Smith, cuyo abordaje histórico considero esclarecedor.
Según estos autores, el debate está segmentado en cuatro etapas diferentes. El primero enfrenta a realistas e idealistas, que tras las Segunda Guerra Mundial confrontaron visiones sobre la disciplina. La preocupación de los idealistas se centraba en analizar factores que evitaran los horrores vividos en la Gran Guerra, a lo que realistas, como Edward Carr, respondieron: ¨El idealismo centra su atención en cómo el mundo debería ser y no en cómo es¨. Si bien en esta instancia, la cuestión de si las Relaciones Internacionales deberían ser consideradas ciencia o no, no estaba aún en su máximo apogeo, el debate comenzaba a vislumbrarse: ¨The diference between realism and idealism is analogous to that between science and alchemy¨, concluyó tajante Carr.
El segundo debate tiene lugar en 1960, enfrentando a tradicionalistas y modernistas también llamados behavioristas. ¨Si las Relaciones Internacionales son una ciencia, entonces deben ser modeladas por el positivismo, que a través de datos observables y formulaciones de leyes, se encargará del progreso de la disciplina y de su control¨, argumentó la escuela behaviorista. A lo que la escuela inglesa o tradicionalista, contestó en la voz de Hans Morgenthau: ¨Los behavioristas olvidan en su afán de coleccionar datos, la importancia de conceptos y juicios interpretativos. Una cosa es la sistematización de la investigación, otra – muy distinta – es la manipulación de datos¨. Al final, el behaviorismo perdió seguidores y fue dejado de lado, pero aportó a la disciplina técnicas valiosas, hasta hoy aplicadas.
El tercer debate se desarrolló entre la década del ´70 y el ´80. Entonces realistas, pluralistas y marxistas entraron en el ring. Thomas Khun dijo al respecto que la ciencia tiene dos fases, la normal y la revolucionaria y que el progreso sólo puede darse en la etapa ¨normal¨, por lo que es necesario llegar a un acuerdo, al menos que la mayoría coincida en un paradigma para poder dedicarse y trabajar sobre él. Pero ¿qué paradigma usar? ¿Cómo unirlos? ¨No se puede, son inconmensurables¨, respondió Khun dejándonos de nuevo en la misma nebulosa. ¨De cualquier forma, es irónico que aunque el debate interparadigmático no envolvió disputas directas sobre la naturaleza de la ciencia, fue el periodo donde la filosofía de la ciencia comenzó a jugar un rol verdaderamente explicito y sustancial¨, afirman Kulkin y Wight.
Los autores de International Relations Theory explican finalmente el último gran debate, aunque advierten – una vez más – que no todos los académicos están de acuerdo en esta división histórica. Como sea, a mediados de 1980 seis corrientes se enfrentaron en tres debates que en verdad, no fueron tan diferentes. Por un lado, para ponerlos en términos de Max Weber, están los teóricos ¨explicativos¨, quienes buscan métodos científicos para tratar la ciencia. Por el otro, tenemos a los teoristas ¨comprensivos¨, centrados en analizar razones ¨internas¨, significados y creencias de los actores mediante corrientes interpretativas. ¨Debemos ser guiados por factores que impactan en el comportamiento humano (ideas, creencias) y no por un compromiso previo a algo llamado ciencia¨, argumentan. ¨Eso no es más que especulación¨, aseguran los explicativos.
Por otro lado, y de la mano de los teóricos explicativos, el positivismo tomó fuerza. Hay que aclarar que el positivismo es una visión de la ciencia cuya epistemología es empírica. Es decir que el empirismo no es lo mismo que el positivismo. No todos los empíricos son positivistas.
Es sabido que el positivismo privilegia la observación, el dato y las mediciones, de la mano de técnicas y criterios metodológicos. ¨Esto nos permite diferenciar entre ciencia y creencia¨, aseguran. Con la recolección de datos, tras repetida observación y regularidad de eventos, sería factible la creación de leyes generales. A esta visión, se le opone el post- positivismo, que se posiciona en contra de la insistencia positivista de una ¨ciencia del comportamiento humano¨. Alegan que sólo una mirada interpretativa puede darse de tal comportamiento. No es que rechacen la idea de ciencia en las Relaciones Internacionales, sino que niegan específicamente la teoría positivista.
Finalmente, el racionalismo que concibe al hombre – y por extensión – al Estado como buscador de máximos beneficios (asociado a los teóricos explicativos, luego a los positivistas) contrasta con el reflectivismo, teoría que incluye a constructivistas, post estructuralistas y feministas. Según este último, el discurso debe ser encarado desde posiciones no- neutrales, que estarán, evidentemente, arraigadas a explicaciones interpretativas. De aquí que esta corriente esté asociada a los teóricos ¨comprensivos¨ y a post – positivistas.
Cuatro grandes debates, pocos acuerdos. Sin duda nuevas investigaciones vendrán a dar luz sobre este tópico.
[i] DUNNE, Tim; KURKI, Milja; SMITH, Steve (2007), International Relations Theories, Oxford, Oxford University





