Pauta Global

Un blog sobre Economía Política Internacional

Dilma Rousseff en la apertura de la 66ª Asamblea de la ONU

 

Hay discursos políticos que son particularmente movilizadores. Fue el caso del que dio la presidente brasileña, Dilma Rousseff en la apertura del Debate General de la 66ª Asamblea de la ONU, en septiembre del año pasado. No sólo sus palabras resultan especialmente conmovedoras y apropiadas, sino que el momento fue histórico: Fue la primera mujer en abrir el Debate en toda la historia de las Naciones Unidas.

En poco menos de media hora, Dilma habló de el rol de las mujeres, la crisis mundial, la primavera árabe, la urgente necesidad de reformar el Consejo de Seguridad, la función de los países en desarrollo en la economía mundial, el pedido de reconocimiento al Estado Palestino,el cambio climático.

Me tomé el trabajo de traducirlo al español porque es sin duda una de los discursos que más me gustan. Con este, inauguramos otra sección del blog. Sin más, se los dejo a continuación.

 

New York, 21 de septiembre de 2011.

Señor presidente de la Asamblea General, Nassir Abdulaziz Al-Nasser.

Señor secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

Señoras y señores jefes de Estado e de Gobierno.

Señoras y señores.

Por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, una voz femenina inaugura el Debate General. Es la voz de la democracia y la igualdad ampliándose en esta tribuna, que tiene el compromiso de ser la más representativa del mundo.

Es con humildad personal, pero con justificado orgullo de mujer, que vivo este momento histórico.

Divido esta emoción con más de la mitad de los seres humanos de este planeta, que como yo, nacieron mujer, y que con tenacidad, están ocupando el lugar que merecen en el mundo. Tengo certeza, señoras y señores, de que este será el siglo de las mujeres.

En la lengua portuguesa, palabras como vida, alma y esperanza pertenecen al género femenino, y son también femeninas otras dos palabras muy especiales para mí: coraje y sinceridad. Pues es con coraje y sinceridad que les quiero hablar hoy.

Señor presidente.

El mundo vive en un momento extremamente delicado y al mismo tiempo de gran oportunidad histórica. Enfrentamos una crisis económica que si no se resuelve, puede transformarse en una grave ruptura política y social. Una ruptura sin precedentes, capaz de provocar serios desequilibrios en la convivencia entre las personas y las naciones.

Más que nunca, el destino del mundo está en las manos de todos sus gobernantes, sin excepción. O nos unimos y salimos todos juntos vencedores, o saldremos todos derrotados.

Ahora, menos importante es saber cuáles fueron las causas de la situación que enfrentamos, incluso porque esto ya está muy claro. Importa, sí, encontrar soluciones colectivas, rápidas y verdaderas.

No es por falta de recursos financieros que los líderes de los países desarrollados todavía no encontraron una solución para la crisis. Es – permítanme decir – por falta de recursos políticos y algunas veces, de ideas.

Una parte del mundo no encontró todavía el equilibrio entre ajustes fiscales apropiados y estímulos fiscales correctos y precisos para la demanda y el crecimiento. Quedan presos en la armadilla que no separa intereses partidarios de aquellos intereses legítimos de la sociedad.

El desafío que trae la crisis consiste en substituir teorías antiguas, de un mundo viejo, por nuevas formulaciones para un mundo nuevo. En cuanto muchos gobiernos se achican, la parte más amarga de la crisis, la del desempleo, se agranda. Ya tenemos 205 millones de desempleados en el mundo: 44 millones en Europa, 14 millones en Estados Unidos. Es vital combatir esa plaga e impedir que se propague para otras regiones del planeta.

Nosotras, las mujeres sabemos-más que nadie – que el desempleo no es apenas una estadística. Golpea familias, a nuestros hijos e nuestros maridos. Nos saca la esperanza y nos deja violencia y dolor.

Señor presidente.

Es significativo que yo sea presidente de un país emergente, un país que vive prácticamente un ambiente pleno de empleo, que venga a hablar, aquí, hoy con recuerdos tan vívidos de esa tragedia, que azota en especial a los países desarrollados.

Como otros países emergentes, Brasil ha sido hasta ahora, menos afectado por la crisis mundial. Pero sabemos que nuestra capacidad de resistencia no es ilimitada. Queremos – y podemos – ayudar, en cuanto haya tiempo, a los países en donde la crisis es aguda.

Un nuevo tipo de cooperación, entre países emergentes y países desarrollados, es la oportunidad histórica para redefinir, de forma solidaria y responsable, los compromisos que rigen las relaciones internacionales.

El mundo enfrenta una crisis que es al mismo tiempo, económica, gubernamental y de coordinación política.

No habrá retomada de confianza y de crecimiento en cuanto no se intensifiquen los esfuerzos de coordinación entre los países integrantes de la ONU y las demás instituciones multilaterales, como el G-20, el FMI, el Banco Mundial y otros organismos. La ONU y esas organizaciones necesitan emitir, con máxima urgencia, señales claras de cohesión política y de coordinación macroeconómica.

Las políticas fiscales y monetarias, por ejemplo, deben ser objeto de evaluación mutua, a fin de impedir efectos indeseables sobre los otros países, evitando reacciones defensivas que a su vez, llevan a un círculo vicioso.

La solución del problema de la deuda debe ser combinada con el crecimiento económico. Hay señales evidentes de que varias economías avanzadas se encuentran en la cornisa de la recesión, lo que dificultará, sobremanera, la resolución de los problemas fiscales.

Está claro que la prioridad de la economía mundial, en este momento, debe ser solucionar el problema de los países en crisis de deuda soberana y revertir el presente cuadro recesivo. Los países más desarrollados necesitan practicar políticas coordenadas de estímulos a las economías extremadamente debilitadas por la crisis. Los países emergentes pueden ayudar.

Países con altos superávits deben estimular sus mercados internos y cuando fuera el caso, flexibilizar sus políticas cambiarias, de manera de cooperar con el reequilibrio de la demanda global.

Urge profundizar la reglamentación del sistema financiero y controlar esa fuente inagotable de inestabilidad. Es preciso imponer controles a la guerra cambiara, con la adopción de regímenes de cambio fluctuante. Se trata, señoras y señores, de impedir la manipulación del cambio tanto por políticas monetarias excesivamente expansionistas como por el artificio del cambio fijo.

La reforma de las instituciones financieras multilaterales debe, sin ninguna duda, proseguir, aumentando la participación de los países emergentes, principales responsables por el crecimiento de la economía mundial.

El proteccionismo y todas las formas de manipulación comercial deben ser combatidos, pues confieren mayor competitividad de manera espuria y fraudulenta.

Señor presidente.

Brasil está haciendo su parte. Con sacrificio, pero con discernimiento, mantenemos los gastos del gobierno sobre riguroso control, al punto de generar enormes superávit en las cuentas públicas, sin que eso comprometa el éxito de las políticas sociales, ni nuestro ritmo de inversión y crecimiento.

Hace por lo menos tres años, señor presidente, que Brasil repite en esta misma tribuna, que es preciso combatir las causas y no las consecuencias de la inestabilidad global.

Hemos insistido en la interrelación entre desarrollo, paz y seguridad, y que las políticas de desenvolvimiento sean, cada vez más, asociadas a las estrategias del Consejo de Seguridad en busca de la paz sustentable.

Es así que reaccionamos en nuestro compromiso con Haití y con Guiné- Bissau. En la lideranza de Minustah, hemos promovido, desde 2004, en Haití, proyectos humanitarios, que integran seguridad y desarrollo. Con profundo respeto a la soberanía haitiana, Brasil tiene el orgullo de cooperar para la consolidación de la democracia en ese país.

Estamos aptos para prestar también una contribución solidaria a los países hermanos del mundo en desenvolvimiento, en materia de seguridad alimentar, tecnología agrícola, generación de energía limpia y en el combate a la pobreza y el hambre.

Señor presidente.

Desde final de 2010 presenciamos manifestaciones populares, llamada ¨Primavera Árabe¨. Brasil es patria adoptiva de muchos inmigrantes de aquella parte del mundo. Los brasileños se solidarizan con  la busca de un ideal que no pertenece a ninguna cultura, porque es universal: la libertad.

Es necesario que las naciones aquí reunidas encuentren una forma legítima y eficaz de ayudar a las sociedades que claman por reformas, sin retirar de sus ciudadanos la conducción del proceso.

Repudiamos con vehemencia las represiones brutales que victimizan poblaciones civiles. Estamos convencidos de que, para la comunidad internacional, el recurso de la fuerza debe ser siempre la última alternativa. La búsqueda por la paz y la seguridad no puede limitarse a intervenciones en situaciones extremas.

Apoyamos al secretario general en su esfuerzo de orientar a las Naciones Unidas en la prevención de conflictos, por medio del ejercicio incansable de la democracia y de la promoción del desenvolvimiento.

El mundo sufre, hoy, las dolorosas consecuencias de las intervenciones que agravan los conflictos posibilitando la infiltración del terrorismo, donde este antes no existía, inaugurando nuevos ciclos de violencia, multiplicando los números de víctimas civiles.

Mucho se habla sobre la ¨responsabilidad de proteger¨, poco se habla sobre la ¨responsabilidad al protegerse¨. Son conceptos que necesitamos madurar juntos. Para eso, la actuación del Consejo de Seguridad es esencial, y será más acertada cuando más legítimas sean sus decisiones. La legitimidad del propio Consejo depende, cada día más de su reforma.

Señor presidente.

A cada año que pasa, más urgente es una solución para la falta de representatividad del Consejo de Seguridad, lo que corroe su eficacia. El ex presidente Joseph Deiss recordó un hecho impresionante: el debate en torno de la reforma del Consejo de Seguridad ya lleva 18 año.

No es posible, señor presidente, que se den más prórrogas.

El mundo necesita de un Consejo de Seguridad que reflexione sobre la realidad contemporánea, un Consejo que incorpore nuevos miembros permanente y no permanentes, en especial representantes de países en desarrollo.

Brasil está listo para asumir sus responsabilidades como miembro permanente del Consejo. Vivimos en paz con nuestros vecinos hace 140 años. Hemos promovido con ellos exitosos procesos de integración y cooperación. Abdicamos, por compromiso constitucional, del uso de energía nuclear para fines que no sean pacíficos. Tengo orgullo de decir que Brasil es un vector de paz, estabilidad y prosperidad en su región e incluso fuera de ella.

En el Consejo de Derechos Humanos, actuamos inspirados por nuestra propia historia de superación. Queremos para otros países lo que queremos para nosotros mismos.

El autoritarismo, la xenofobia, la miseria, la pena capital, la discriminación, son verdugos de los derechos humanos. Hay violaciones en todos los países sin excepción. Reconozcamos esta realidad y aceptemos, todos, las críticas. Debemos beneficiarnos de ellas y criticar, sin medias palabras, los casos infraganti de violación, en donde quiera que ocurran.

Señor presidente.

Quiero darle la bienvenida a Sudán del Sur a nuestra familia de naciones. Brasil está listo para cooperar con el más joven miembro de las Naciones Unidas y contribuir para su desenvolvimiento soberano.

Sin embargo lamento todavía no poder saludar, desde esta tribuna, el ingreso pleno de Palestina en la Organización de las Naciones Unidas. Brasil ya reconoce el Estado Palestino como tal y sus fronteras de 1967, de forma consistente con las resoluciones de las Naciones Unidas. Así como la mayoría de los países de esta Asamblea, creemos que llegó el momento de tener a Palestina aquí representada a título pleno.

El reconocimiento al derecho legítimo del pueblo palestino a su soberanía y autodeterminación amplía las posibilidades de una paz duradera en Oriente Medio. Sólo una Palestina libre y soberana podrá atender a los legítimos deseos de Israel por la paz con sus vecinos, seguridad en sus fronteras y estabilidad política en su entorno regional.

Vengo de un país en donde descendientes árabes y judíos son compatriotas y conviven en armonía, como debe ser.

Señor presidente.

Brasil defiende un acuerdo global, envolvente y ambicioso para combatir el cambio climático en el marco de las Naciones Unidas. Para eso, es necesario que los países asuman las responsabilidades que les caben.

Presentamos una propuesta concreta, voluntaria y significativa de reducción [de emisiones], durante la Cúpula de Copenhague en 2009. Esperamos poder avanzar en la reunión de Durban, apoyando a países en desarrollo en sus esfuerzos de reducción de emisiones y garantizando que los países desarrollados cumplan sus obligaciones, con nuevas metas en el Protocolo de Kioto, después de 2012.

Tendremos el honor de organizar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable en Rio + 20, en junio de 2012. Junto con el secretario general Ban Ki-moon, reitero aquí la invitación a todos los jefes de Estado y de Gobiernos.

Señor presidente y mis compañeras mujeres de todo el mundo.

Brasil descubrió que la mejor política de desenvolvimiento es el combate a la pobreza y que una verdadera política de derechos humanos tiene por base la disminución de la desigualdad, de la discriminación entre las personas, entre las regiones y entre los géneros.

Brasil avanzó política, económica y socialmente sin comprometer siquiera una de sus libertades democráticas. Cumplimos casi todos los Objetivos de Desenvolvimiento del Milenio, antes de 2015. Salieron de la pobreza y ascendieron a la clase media casi 40 millones de brasileños y brasileñas. Tengo plena convicción de que cumpliremos nuestra meta de, hasta el final de mi gobierno, erradicar la extrema pobreza en Brasil.

En mi país, la mujer ha sido fundamental en la superación de las desigualdades sociales. Nuestros programas de distribución de renta tiene en las madres, la figura central, Son ellas que cuidan de los recursos que permiten a las familias invertir en salud y educación.

Pero mi país, como todos los del mundo, todavía necesita hacer mucho por la valorización y afirmación de la mujer. Al hablar de esto, lo saludo al secretario general Ban Ki-moon por la prioridad que le ha otorgado a las mujeres en su gestión al frente de las Naciones Unidas.

Felicito, especialmente, por la creación de la ONU mujer y a su directora ejecutiva, Michelle Bachelet.

Señor presidente.

Además de mi querido Brasil, me siento aquí, representando a todas las mujeres del mundo. A las mujeres anónimas, aquellas que pasan hambre y no pueden darle de comer a sus hijos, aquellas que padecen enfermedades y no pueden tratarse, aquellas que sufren la violencia y son discriminadas en sus trabajos, en la sociedad y en su vida familiar, aquellas cuyo trabajo en el hogar crian generaciones futuras.

Junto mi voz a las voces de las mujeres que osaron luchar, que osaron participar en la vida política y profesional y conquistaron el espacio de poder que me permite estar aquí hoy.

Como mujer que sufrió la tortura en la cárcel, se como son importantes los valores de la democracia, la justicia, los derechos humanos y la libertad.

Y es con la esperanza de que estos valores continúen inspirando el trabajo de esta Casa de las Naciones, que tengo el honor de iniciar el Debate General de la 66ª Asamblea de la ONU.

 

 

 

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Esta entrada fue publicada en marzo 2, 2012 por en Personalidades y etiquetada con .
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