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Sobre la cientificidad de las Relaciones Internacionales: cuatro grandes debates

 

¿Se puede afirmar que el estudio de las Relaciones Internacionales constituye una ciencia? La discusión ha sido prolífica y extensa.  A esta cuestión está dedicado el primer capítulo de International Relations Theory[i], de Dunne, Kurki y Smith, cuyo abordaje histórico considero esclarecedor.

Según estos autores, el debate está segmentado en cuatro etapas diferentes. El primero enfrenta a realistas e idealistas, que tras las Segunda Guerra Mundial confrontaron visiones sobre la disciplina. La preocupación de los idealistas se centraba en analizar factores que evitaran los horrores vividos en la Gran Guerra, a lo que realistas, como Edward Carr, respondieron: ¨El idealismo centra su atención en cómo el mundo debería ser y no en cómo es¨. Si bien en esta instancia, la cuestión de si las Relaciones Internacionales deberían ser consideradas ciencia o no, no estaba aún en su máximo apogeo, el debate comenzaba a vislumbrarse:  ¨The diference between realism and idealism is analogous to that between science and alchemy¨, concluyó tajante Carr.

El segundo debate tiene lugar en 1960, enfrentando a tradicionalistas y modernistas también llamados behavioristas. ¨Si las Relaciones Internacionales son una ciencia, entonces deben ser modeladas por el positivismo, que a través de datos observables y formulaciones de leyes, se encargará del progreso de la disciplina y de su control¨, argumentó la escuela behaviorista. A lo que la escuela inglesa o tradicionalista, contestó en la voz de Hans Morgenthau: ¨Los behavioristas olvidan en su afán de coleccionar datos, la importancia de conceptos y juicios interpretativos. Una cosa es la sistematización de la investigación, otra – muy distinta – es la manipulación de datos¨.  Al final, el behaviorismo perdió seguidores y fue dejado de lado, pero aportó a la disciplina técnicas valiosas, hasta hoy aplicadas.

El tercer debate se desarrolló entre la década del ´70 y el ´80. Entonces realistas, pluralistas y marxistas entraron en el ring. Thomas Khun dijo al respecto que la ciencia tiene dos fases, la normal y la revolucionaria y que el progreso sólo puede darse en la etapa ¨normal¨, por lo que es necesario llegar a un acuerdo, al menos que la mayoría coincida en un paradigma para poder dedicarse y trabajar sobre él. Pero ¿qué paradigma usar? ¿Cómo unirlos? ¨No se puede, son inconmensurables¨, respondió Khun dejándonos de nuevo en la misma nebulosa.  ¨De cualquier forma, es irónico que aunque el debate interparadigmático no envolvió disputas directas sobre la naturaleza de la ciencia, fue el periodo donde la filosofía de la ciencia comenzó a jugar un rol verdaderamente explicito y sustancial¨, afirman Kulkin y Wight.

Los autores de International Relations Theory explican finalmente el último gran debate, aunque advierten – una vez más – que no todos los académicos están de acuerdo en esta división histórica. Como sea, a mediados de 1980 seis corrientes se enfrentaron en tres debates que en verdad, no fueron tan diferentes. Por un lado, para ponerlos en términos de Max Weber, están los  teóricos ¨explicativos¨, quienes buscan métodos científicos para tratar la ciencia. Por el otro, tenemos a los teoristas ¨comprensivos¨, centrados en analizar razones ¨internas¨, significados y creencias de los actores mediante corrientes interpretativas. ¨Debemos ser guiados por factores que impactan en el comportamiento humano (ideas, creencias) y no por un compromiso previo a algo llamado ciencia¨, argumentan. ¨Eso no es más que especulación¨, aseguran los explicativos.

Por otro lado, y de la mano de los teóricos explicativos, el positivismo tomó fuerza. Hay que aclarar que el positivismo es una visión de la ciencia cuya epistemología es empírica. Es decir que el empirismo no es lo mismo que el positivismo. No todos los empíricos son positivistas.

Es sabido que el positivismo privilegia la observación, el dato y las mediciones, de la mano de técnicas y criterios metodológicos. ¨Esto nos permite diferenciar entre ciencia y creencia¨, aseguran. Con la recolección de datos, tras repetida observación y regularidad de eventos, sería factible la creación de leyes generales.  A esta visión, se le opone el post- positivismo, que se posiciona en contra de la insistencia positivista de una ¨ciencia del comportamiento humano¨. Alegan que sólo una mirada interpretativa puede darse de tal comportamiento. No es que rechacen la idea de ciencia en las Relaciones Internacionales, sino que niegan específicamente la teoría positivista.

Finalmente, el racionalismo que concibe al hombre – y por extensión – al Estado como buscador de máximos beneficios (asociado a los teóricos explicativos, luego a los positivistas) contrasta con el reflectivismo, teoría que incluye a constructivistas, post estructuralistas y feministas. Según este último, el discurso debe ser encarado desde posiciones no- neutrales, que estarán, evidentemente, arraigadas a explicaciones interpretativas. De aquí que esta corriente esté asociada a los teóricos ¨comprensivos¨ y a post – positivistas.

Cuatro grandes debates, pocos acuerdos. Sin duda nuevas investigaciones vendrán a dar luz sobre este tópico.

 

 


[i] DUNNE, Tim; KURKI, Milja; SMITH, Steve (2007), International Relations Theories, Oxford, Oxford University

 

 

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Esta entrada fue publicada en marzo 28, 2012 por en Análisis y etiquetada con .
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