Pauta Global

Un blog sobre Economía Política Internacional

Agora, aguenta coração…

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El viernes que viene se cierra un ciclo importante de mi vida. Defiendo mi disertación de maestría académica en Relaciones Internacionales en la Universidad del Estado de Rio de Janeiro (UERJ).

Lógicamente, soy un manojo de emociones: nervios, alegría y euforia hacen de mí, un volcán de lágrimas a punto de explotar. Como bien dice José Augusto, “agora aguenta coração”.

Confieso que la maestría fue al inicio una excusa para vivir en Rio. Quería salir de Buenos Aires porque me asfixiaba, me dolía, me hacía mal. Una ciudad con playa, linda, jovial y feliz como Rio era la solución a mis sueños, una aventura que quería vivir. La maestría parecía un buen comienzo.

Vine entonces a Rio, acompañada de mi viejita y me enamoré de la UERJ. La veo hermosa y varias veces la tuve que defender de críticas injustas en contra de su estética. UERJ, sos linda. Siempre lo vas a ser.

Me encantaron sus pasillos, el gris de sus edificios, las estructuras toscas y casi violentas, combinadas con la amabilidad de los cariocas, el ir y venir de los estudiantes, la melodía de sus conversaciones rebotando en el eco de los puentes que conectan los pisos. Me fascinó.

Había visitados otras cuatro universidades y de sólo ver la UERJ desde afuera, ya había decidido que ahí quería estudiar. El corazón me latió fuerte. Me dije a mí misma “es acá.”

Subimos hacia el noveno piso y caminé como si supiera a donde ir. No sabía. Sólo estaba entusiasmada como los nenes que corren por correr. “Pará Laura, ¿a dónde vas? ¿Es por ahí?”, me decía mi mamá pasos atrás. Yo le respondía “no sé, vení, veniii!” Jajaja, ahora me da risa.

Llegamos a la secretaría sin error, sin siquiera preguntar una vez. Ahí nos atendieron, nos orientaron y explicaron todo lo que necesitaba para inscribirme. Me faltaban papeles de Argentina. Tuve que volver a Buenos Aires para buscarlos.

En Buenos Aires aparecieron una cantidad de dificultades: mi partida de nacimiento no salía, y por eso no me querían dar el analítico de la licenciatura en periodismo y para colmo, tenía que actualizar mi DNI y pasaporte sí o sí. La desesperación y el mal humor casi me comen el alma.

Paula Carri me ayudó incondicionalmente en esa etapa. Siempre le voy a estar agradecida por tanta generosidad.

De vuelta a Brasil, y después de conseguir la literatura (cosa que tampoco fue nada fácil), estudié como nunca en mi vida.

Estudié no sólo los textos que la UERJ pedía, sino gran parte de la bibliografía sugerida en esos textos. No exagero cuando digo que me obsesioné por meter en mi cabeza lo que más pudiera de Relaciones Internacionales, desde los grandes debates, hasta los mínimos y más creativos conceptos. Estudiaba al menos unas 10 horas diarias, en mi tiempo libre veía videos, entrevistas, documentales sobre los autores, leí millones de veces los curriculums de mis futuros profesores, conocí el lattes de los grandes profesores de Brasil, vi cómo era la academia en Argentina, en el mundo, leí un sinfín de biografías de los grandes pensadores, tanto que  tenía sueños recurrentes con Bull, Waltz, Carr, Clausewitz, Grieco, Durosselle y Prebisch, en donde me daba el gusto de discutir con ellos de par a par, con la urgencia y desfachatez típicas de la juventud, sumado al más puro vocabulario porteño, lunfardo y ¡caradura!

Las pruebas pasaron y a medida que iban saliendo los resultados, sentía que estaba en el Gran Hermano. Cada noticia era una catarata de rezos para que por favor no sea eliminada. Quería vivir en Rio y ya estaba muy entusiasmada con la maestría. Me gustaba de verdad. Quería estudiar en la UERJ.

Al final salió todo bien.

Quedé (increíblemente) en el segundo lugar, con derecho a beca. Cuando vi el resultado final, pensé que se habían equivocado. No salía de mi asombro.

Las clases comenzaron y conocí a mis compañeros. Me recibieron con cariño y curiosidad. Entablé amistades preciosas. Me las llevo a todas. Son mis conquistas.

El proyecto de investigación con el que me presenté a la UERJ es el mismo que voy a defender el 30/05. No cambió en nada. Eso es extraño. Se ve que pese a la falta de conocimiento, tenía claro desde un inicio qué me interesaba y logré expresar esas inquietudes en cuestiones muy prácticas[1].

La investigación tuvo altos y bajos, descubrimientos que me llenaron de orgullo, otros de sorpresa, hubo tristeza, rabia, risas, llanto, noches incontables de desvelo, anotaciones inentendibles en medio de la madrugada, correcciones infinitas, sangre, sudor y páginas. La paciencia de mi orientadora, la Prof. Dra Miriam Gomes Saraiva, fue inagotable y de una enorme ternura.

Finalmente, la disertación quedó lista. Cuando imprimí las cuatro versiones necesarias para la defensa, y vi en papel lo que había escrito, se me hizo un nudo en la garganta. El pibe de la fotocopiadora me dijo “ah não, aquí não vale chorar”. No lloré. Me reí nomás con los ojos húmedos.

Tantas emociones son fruto de mucho esfuerzo. No sólo el académico. Sino el que tiene que ver con vivir en otro país. Yo quería una aventura, pero no sabía que iba a costar tanto. Ser extranjero es difícil. Se extraña hasta lo que más detestás, casi que te olvidás por qué te fuiste. Duele estar lejos de la familia, de los amigos. Se extraña la libertad de hablar en tu lengua, las comidas… El cemento de Buenos Aires me parecía a veces más lindo que las playas cariocas por las que había venido.

El hecho de querer vivir en Rio pasó a ser una anécdota, la maestría ocupó cada vez mayor importancia. Acabó por definir mi camino. Se hizo vital en mi concepción de destino, de sueños, de luchas y logros. Me hizo pensar, reflexionar, derribó mitos arraigados sobre Brasil, puso luz sobre cuestiones de mi propia Argentina, me hizo tener una mirada más comprensiva y tolerante hacia nosotros: sudamericanos.

Puedo decir con absoluta confianza que crecí.

Entonces, si lloro en mi defensa, es porque esa defensa significa todo eso y más. Significa tantas cosas que este post queda ridículamente corto. Espero contenerme. No voy a querer arruinar el momento con una lloradera estúpida.

Mientras tanto, sigo concentrándome en este tema romanticón que vengo cantando hace días. Suban el volumen y canten conmigo: “agoooora, aguenta coração!”.

 

 

[1] Estudio cinco organizaciones intergubernamentales (CABBIO, ABACC, ABAEN, CBAB y COBEN) en la cooperación nuclear y científica entre la Argentina y Brasil. Me interesa la búsqueda del desarrollo en América del Sur, que se ve favorecida por procesos conjuntos de institucionalización entre ambos países.

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5 comentarios el “Agora, aguenta coração…

  1. Jésica Segundo
    mayo 27, 2014

    Bella experiencia de un logro, anhela seguir tu rumbo, tan airoso y tan de vida. Felicidades, yo apenas en el segundo semestre de la carrera de Relaciones Internacionales. Mucho más grande de edad que tú pero con mucho ánimo. ¡Felicidades! América necesita gente como tú.

  2. laurabrizuela
    mayo 27, 2014

    Gracias! Muchas gracias por los buenos deseos, es todo lo que necesito! Abrazo 🙂

  3. Marta Angelina Velazquez
    mayo 27, 2014

    Por favor escucha la Argentinidad al palo y un pacto para vivir, porque somos todo eso, vamos de la ternura, a lo mas profundo del ser, desgarrándonos y siguiendo….del paraíso al infierno. el viernes la UERJ se viste de azul y blanco con un cielo de sol radiante, fulgurante,como aurora…águila guerrera audaz se eleva en vuelo triunfal, azul un ala, del color del cielo, azul un ala del color del mar……
    Desde el sur Argentino donde están tus hermanos y todos los que te amamos incondicionalmente
    un grande saludo y un fuerte abrazo.
    Marta Angelina Velázquez

  4. paula
    mayo 27, 2014

    para quienes vinimos a Río con una intención de cambio y experiencia,inspirador tu discurso y tu historia.
    felicitaciones por todo!
    gracias por la invitacion una pampeana estara acompañandote incondicionalmente 😉
    furza y a brillar!

  5. laurabrizuela
    mayo 27, 2014

    Gracias!!!

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Esta entrada fue publicada en mayo 27, 2014 por en Observaciones y etiquetada con .
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