Pauta Global

Un blog sobre Economía Política Internacional

Las fuerzas de la integración

unasur

 

¿Por qué integrar? ¿Para qué? ¿Sirve? ¿Quién paga los costos de la integración? Y el proceso, ¿se refleja en la distribución equitativa de los beneficios? Preguntas viejas si las hay, la integración es uno de los temas más discutidos en las Relaciones Internacionales.

En América del Sur el proceso es irregular, particular e presenta una cantidad de características que merecen estudio dedicado, evitando comparaciones y especialmente ideas implantadas desde los centros económicos e ideológicos de poder que pretenden entender la realidad sudamericana estudiándola desde claustros del otro lado del mar.

Me refiero a América del Sur y no América Latina, porque el segundo término me parece más difuso que el primero y porque además, deberían incluirse en el desdoblamiento del pensamiento una serie de excepciones y aclaraciones interminables. No significa que América Latina no sea posible o sea un sueño inalcanzable. Simplemente, a los fines prácticos de la integración, está más distante que América del Sur.

Por otra parte, y salteando ingenuidades, es cierto que América del Sur es una zona bastante más delimitada, con intuitos institucionales más comprometidos, en general con relaciones intergubernamentales más fluidas y especialmente con un paymaster[1], Brasil, que como Estado interesado en un papel más activo en el sistema internacional, busca en la formación del bloque su propia área de actuación.

De la misma manera, es conveniente para los demás países armar esta alianza en el sentido de una mejor inserción internacional y en el beneficio directo del aumento de comercio intrabloque, de la aplicación de mecanismos de corrección de asimetrías y en el reconocimiento del vecino como un factor que puede mejorar de manera concreta la calidad de vida del ciudadano.

La Unasur, que une las voluntades políticas, las preocupaciones económicas, de defensa, de infraestructura y de desarrollo social, científico y tecnológico de los 12 países que la forman, es la instancia de mayor madurez de la región en el proceso de integración.

En este sentido, las preguntas iniciales adquieren algunas respuestas.

Integrar se da por la intervención de varias fuerzas. Pienso hace algún tiempo en categorizarlas, inspirada en los conceptos de “fuerza profunda” del constructivismo (en lo tocante a la identidad), y del “núcleo endógeno” del neoestructuralismo latinoamericano (con respecto a la estructura económica y social de los Estados), sumado a las perversas fuerzas de mercado mundial, abanderadas por la globalización financiera y su respuesta más directa: el regionalismo.

En este sentido, me interesaron las ideas del embajador Antonio José Ferreira Simões[2] (2010)[3] que se refiere a dos componentes de las fuerzas de la integración desde la actuación brasileña: (1) la visión pragmática, centrada en las ganancias concretas en el aumento del comercio, infraestructura, desarrollo y posicionamiento de la región en el mundo y (2) la visión solidaria, que advierte sobre la peligrosidad del desarrollo unilateral. “É preciso que todas as partes sintam que ganham algo (…) Interessa ao Brasil que os países da nossa região prosperem” (Simões, 2010, p.41).

Esta cuestión “solidaria” (y aún más viniendo de un embajador brasileño) puede ser rápidamente criticada por visiones neorrealistas de la política externa. Sin embargo, me parece que el mensaje está dirigido principalmente hacia los brasileños que demuestran escaso interés (sino ninguno) en discutir o interesarse por la región.

Allí es donde radica uno de los grandes problemas de la integración. Brasil, principal motor del proceso, debe primero convencer a su población de la importancia del mismo.

Sin embargo, lejos de mí, está querer desparramar un velo de escepticismo. El proceso camina, con altos y bajos. Y como en todo proceso, se deben calibrar algunas cuestiones, otras discutirse y hacer mucho.

La construcción de una América del Sur recién empieza. ¡Eso es muy emocionante!

 

 

 

 

 

[1] Independientemente de los reclamos, se reconoce prácticamente en toda la literatura que Brasil ha generado y costeado en mayor o menor medida el proceso de integración, ya sea en cuestiones económicas, institucionales y discursivas.

[2] http://www.itamaraty.gov.br/o-ministerio/curriculos/subsecretario-geral-da-america-do-sul

[3] SIMÕES, Antonio José Ferreira. Integração: sonho e realidade na América do Sul. Brasília: FUNAG, 2010. Disponible en: < http://funag.gov.br/loja/download/943-Integracao_Sonho_e_Realidade_na_America_do_Sul.pdf&gt;

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Esta entrada fue publicada en agosto 28, 2014 por en Instituciones y etiquetada con .
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