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Un blog sobre Economía Política Internacional

El Mercosur en el marco del neoliberalismo (1990-2003)

AMercosur

Como antecedente a las organizaciones de la década de 1990, debemos recordar la importancia que tuvieron en la década de 1960, la Asociación Libre de Comercio (ALALC) – reemplazada en 1980 por la ALADI -, el Acuerdo de Cartagena que forjó el Grupo Andino, el Grupo de Consenso de Cartagena que contó en los años 1980 con la participaron países del Cono Sur, entre ellos la Argentina y Brasil.

Otras de las primeras organizaciones fueron la Comunidad del Caribe (Caricom) y el Mercado Común Centro Americano (MCCA), que buscaron el crecimiento intrarregional apoyados en el comercio. Si bien no cumplieron con todas las expectativas, estas organizaciones significaron un aumento específico en el intercambio y en las relaciones institucionales entre los miembros.

La década perdida[1] de América Latina se tradujo en un giro en la dirección de las políticas económicas de los países de la región, que aceptaron y aplicaron en diferentes grados y compromiso, las propuestas del Consenso de Washington.

Uno de los mejores alumnos fue la Argentina. La administración de Carlos Menem (1989-1999) aplicó las recomendaciones de Washington, con el aval del FMI, del Banco Mundial, bancos privados y empresas multinacionales, que aseguraron que las fuerzas de mercado “ordenarían” los recursos del país. Se optó por la liberalización de la economía, la venta del patrimonio estatal a empresas privadas extranjeras, la desregulación estatal, la estricta disciplina fiscal y el control del gasto público, además de sujetar al peso a la par del dólar. Esa paridad le dio a los argentinos la ilusión de desarrollo, de pertenecer al Primer Mundo.

En el caso de Brasil, el neoliberalismo tomó formas más suaves. Si bien en el gobierno Collor (1990 – 1992) se observó un claro corte con respecto a la política externa de las dos décadas anteriores, buscando alinearse a las posiciones y valores de las potencias, en 1992 con el canciller Celso Lafer, se hizo una “retomada de no-alineamiento automático”, mantenida luego en el gobierno de Itamar Franco (1992-1995) y que buscó la articulación de Brasil con el Cono Sur (Mello, 2000).

El neoliberalismo trajo consigo, “velhas ideias que nunca deixaram de ser recomendadas pelas agências internacionais e pelo governo norte-americano (…) e que foram absorbidas como sinónimo de modernidade” (Gonçalves, p. 45, 2013).

La propia visión del papel de Brasil en la región y en el mundo, empezó a  percibirse más claramente cuando se autodenominó global trader, siendo la concepción del Mercosur una plataforma de inserción competitiva que si bien era prioritario, no era excluyente de otros acuerdos o relaciones bilaterales.

Ambos países, embutidos en la doctrina neoliberal, concibieron al Mercosur como (1) una entidad que incrementaría el comercio intrarregional y por lo tanto incidiría positivamente en el desarrollo doméstico, (2) un mecanismo de legitimación, para la Argentina con un discurso menos confrontador y dispuesta a “reconciliarse” con las potencias y para Brasil para promover su  liderazgo; (3) hacer frente a las consecuencias que podía tener la incipiente formación del NAFTA para el comercio regional; y (4) serviría además como mecanismo de inserción y de posición común ante otros bloques.

La firma del Tratado de Asunción en 1991, abrió entonces paso al regionalismo abierto, que buscaba dialogar no sólo con los países del bloque sino con las potencias en el marco de un nuevo tipo de globalización, por incluir en ella a los servicios, la tecnología de información y el aumento del flujo circulante de capital financiero.

El Mercosur tuvo entonces, un carácter abiertamente comercial, careciendo del intuito integracionista por lo que fue más tarde criticado. Como analiza Briceño Ruiz (2013) no hubo intención de contemplar una agenda aplicada a la integración profunda, panorama qué sólo cambió a partir de 2003, en donde la institución buscó rescatar las premisas de los primeros teóricos cepalinos de la década del 1960. Es indiscutible, todavía según el autor, que hay evidentes transformaciones desde el primer modelo adoptado bajo el Tratado de Asunción, hasta el modelo actual, que incluye otras áreas, antes no tenidas en cuenta.

Pese a los impases por los que ha atravesado el Mercosur, si se permite la institución más representativa de las voluntades políticas del Cono Sur, hay una coincidencia en la literatura de ambos países sobre el éxito de la iniciativa.

Lavagna (2001) se refiere expresamente a varios tipos de éxitos, (1) el de carácter internacional por su capacidad de atraer la atención del mundo y con ello capitales interregionales e internacionales, (2) el éxito económico – comercial, por el aumento de transacciones entre los miembros, aunque el mayor de todos, según el autor, (3) es el éxito político, ya que (…) “no hay hoy política exterior en América Latina que pueda darse el lujo de ignorar el Mercosur. Podrá disgustar pero no podrá ser ignorado” (Lavagna, 2001, p.165).

En la misma línea, está el pensamiento de Saraiva (2013) que asegura que “a pesar de seus muitos defeitos, o Mercosul é algo positivo” (Saraiva, 2013, p.313).

Las críticas, provenientes principalmente “daqueles que insistem em pensar que o Mercosul precisa seguir os passos da União Europeia” (Gonçalves, 2013, p.49) parecen no tener en cuenta las características propias del bloque, que no concibe una organización supranacional para los intereses de cada país, y que por eso buscó en la iniciativa, una manera informal de llevar adelante el proceso de integración.

Este modelo de organización institucional no es excluyente del Mercosur. El carácter intergubernamental, con fuerte presencia de funcionarios de cada país es también característico de otras organizaciones intergubernamentales de la región.

El Mercosur fue un paso importante en el entendimiento de los dos Estados. Sin embargo, con sendas crisis de los modelos neoliberales, las relaciones argentino – brasileñas sufrieron un enfriamiento, que amenazaron con congelar el proceso integracionista.

Además, el sistema financiero internacional atravesó durante la década de los años 1990, cuatro grandes crisis que incidieron en diferentes tenores en la Argentina y Brasil. Se trató de la crisis del Sistema Monetario Europeo en 1992 – 1993, la del “tequila”, en México en 1994, la asiática en 1997, la rusa en 1998. En este punto, las teorías económicas del “contagio” mostraron la fragilidad de las economías periféricas como otra de las consecuencias negativas de la globalización financiera.

La crisis brasileña se destapó en 1998, meses después de la crisis rusa. El sistema financiero brasileño quedó al borde del colapso con la consecuente fuga de capitales. La corrida contra la moneda obligó al gobierno de FHC a abandonar el régimen de cambio fijo y pasar al régimen de cambio flotante, lo que provocó “la pérdida de dos tercios de las reservas en divisas en el transcurso de pocos meses” (Rapoport, 2011, p. 232).

La devaluación del real sorprendió al gobierno argentino, que suponía tal decisión debería ser al menos comunicada antes, por no decir, consultada previamente.

Lógicamente, la depreciación del real afectó no sólo la economía argentina sino también la relación de la Argentina con Brasil. Como sea, es de honestidad intelectual aclarar que la misma ya evidenciaba señales alarmantes de deterioro, a lo que se sumaba una creciente incertidumbre política.

Todo ese año fue una prueba de fuego para el Mercosur. Los acuerdos que surgieron eran llevados a cabo por los sectores involucrados, en el caso, las cámaras empresariales de cada país, lo que generó una retracción en los índices del comercio intrarregional, lo que iría a contramano a los intuitos de integración. Siendo que además, esos acuerdos eran negociados por privados, lo que da nota de la incapacidad que tuvieron ambos gobiernos para sentarse a dialogar.

El gobierno de Fernando De la Rúa (1999 -2001) no pudo evitar la recesión y un déficit incontrolable, entre otras cosas porque los activos de las privatizaciones de la era menemista ya no sostenían el modelo, mostrando el saqueo que había significado el neoliberalismo para los intereses del Estado y que ahora, por no contar con ese capital (mayormente en manos de privados extranjeros) se veía en la tarea de comprimir con recortes de todo tipo y variedad. Para empeorar, las presiones del FMI y de tenedores internacionales dificultaron la situación. La crisis argentina de 2001 fue una de las más graves de su historia.

Aún así, pese a los difíciles caminos de la Argentina y Brasil, ambos países han tratado, históricamente con mayor o menor acierto, de mantener las mejores relaciones posibles. Los intereses económicos y geopolíticos fueron los que moldearon los primeros contactos, el retorno a la democracia profundizó el acercamiento y el dialogo; y el fin de la Guerra Fría reforzó ideas neoliberales que prometían la solución a los problemas estructurales de los países subdesarrollados.

En esa instancia tuvo nacimiento el Mercosur que significó un verdadero avance, ya que incrementó el comercio interregional, especialmente entre sus dos socios principales.

Con el fracaso del neoliberalismo, el comercio se redujo y así también las expectativas de profundizar el bloque. Sin embargo, el Mercosur se reinventó siguiendo la ola iniciada en 2000 con la CASA y luego en 2004 con la Unasur.

Tal movimiento procura incorporar al comercio de bloque, cuestiones más profundas como lo social, la seguridad y defensa, la salud y bienestar, infraestrutura, y movilidad de los sudamericanos, entre otras.

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[1] Así quedó conocida la década de 1980 en la región, ya que sus economías no conseguían revertir altos índices inflacionarios, graves crisis sociales, enormes déficits fiscales, transferencia de recursos reales al exterior, y deudas externas imposibles de pagar, por el crecimiento desmedido de sus intereses, lo que complicaban su inserción internacional.

Referencias bibliograficas:

BRICEÑO RUIZ, José. A contribuição do Mercosul no debate sobre o modelo de integração no novo contexto de regionalismo latino-americano IN RESENDE, Erica Simone Almeida (Org.) y MALLMAN, Maria Izabel (Org.). Mercosul 21 anos: Maioridade ou imaturidade?  Curitiba, Ed. Appris, 2013.

GONÇALVES, Williams da Silva O Mercosul e a questão do desenvolvimento regional IN RESENDE, Erica Simone Almeida (Org.) y MALLMAN, Maria Izabel (Org.). Mercosul 21 anos: Maioridade ou imaturidade?  Curitiba, Ed. Appris, 2013.

LAVAGNA, Roberto. Los desafíos del Mercosur. IN CHUDNOVSKY, Daniel (Org.); FANELLI, José Maria (Org.). El desafío de integrarse para crecer. Balance y perspectivas del Mercosur en su primera década. Madrid, Siglo XXI de Argentina Editores, 2001.

MELLO, Flávia de Campos. Diretrizes e redefinição da política externa brasileira na década de 90. Paper apresentado no XXIV Encontro Anual da Anpocs, Caxambu, 23-27/Out./2000.

RAPOPORT, Mario y MADRID, Eduardo. Argentina-Brasil. De rivales a aliados. Política, economía y relaciones internacionales. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2011.

SARAIVA, Gomes Miriam. Encontros e desencontros. O lugar da Argentina na política externa brasileira. Belo Horizonte, Fino Traço, 2012.

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Esta entrada fue publicada en abril 13, 2015 por en Instituciones y etiquetada con , , , .
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