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Las instituciones de la integración sudamericana a partir de 2003

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Los procesos de integración no son ni homogéneos, ni evolutivos y cada proceso posee características propias que hacen de las comparaciones, intentos falaces. Las idas y vueltas de la relaciones entre la Argentina y Brasil, y de la región en sí, son parte del proceso sudamericano.

Sendas crisis de fines de la década de 1990 enfriaron las relaciones bilaterales y con ello, las relaciones del Mercosur, especialmente tras la caída de las operaciones comerciales.

Las crisis del real de 1999 y la argentina, de 2001, dejaron varias lecciones inmediatas. En principio, (1) la total liberalización de la economía no propicia el desarrollo, (2) el mercado no puede corregir sus fallas por sí solo (y probablemente éste no sea un tema de gran interés para los actores envueltos en esa toma de decisión), por lo que debe haber intervención estatal en mayor o menor medida, dependiendo del proyecto político y; (3) – tal vez el punto más interesante a nuestros fines – que si bien las crisis internas pueden hacer tambalear el proceso de integración, una vez que este inicia camino tiende a continuar.

Luego del fracaso del neoliberalismo, las relaciones argentino-brasileñas distaron de ser ideales y pasaron por periodos de contracción, sobre todo en materia económica. El cambio a favor de Brasil en la balanza comercial, la competitividad de los productos brasileños en detrimento de los argentinos y la nueva presencia de empresas brasileñas de gran porte en la Argentina, motivaron reclamos por parte de sectores industriales argentinos que se vieron perjudicados ante la presencia apabullante de Brasil.

El gobierno de Lula, si bien generó una agenda regional, también tuvo la percepción cada vez más reforzada del papel de global player de Brasil en la abierta búsqueda de mercados nuevos y en la gestación de una imagen de líder de la región, presentándose progresivamente como paymaster en base a algunos proyectos de infraestructura destinados a países vecinos.

Los costos pagados por Brasil, según Mallmann (2013), se agrupan en tres categorías, (1) el que contempla actos institucionales como el Parlasur, o el Consejo de Defensa Suramericano, incluso la misma Unasur; (2) los que tienen como fin la reducción de asimetrías y el conocimiento mutuo, siendo el Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM), los préstamos subsidiados por el Banco Nacional do Desenvolvimento (BNDES), e incluso la Universidad de Integración Latinoamericana (UNILA); y (3) a la manutención de los canales de cooperación.

Desde la Argentina hubo algunos desentendidos por esta posición. Por un lado se empezó a asumir que el lugar de la Argentina había quedado definitivamente atrás de Brasil, siendo la asimetría entre los socios un factor visiblemente separador; y por el otro, se reclamaba que Brasil no le estaba dedicando la atención necesaria a los problemas de la región y sí a nuevos bloques como el IBAS y los BRICS.

En este sentido, parecía que el Mercosur ya no era tan importante para Brasil, aunque continuaba siendo su lugar de actuación. Para la Argentina, la situación era además de decepcionante, incómoda, por los constantes reclamos comerciales.

Aun así, el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) llevó adelante un discurso integracionista visiblemente más comprometido con la región que el gobierno de Lula, que si bien coincidía, evitaba confrontar con potencias y se mostró bastante más pragmático y ambiguo.

La posición de Kirchner es entendible porque las necesidades internas y mercados externos de cada país eran diferentes. Durante la fase “expansiva” (Rapoport, 2010) de la economía argentina, entre 2003 y 2005, el discurso kirchnerista retomó las premisas del primer peronismo sobre la sustitución de importaciones, la reactivación de la industria, empezando por la construcción, estimulada por la inversión financiada y el ahorro interno. En este punto, la importancia de aunar lazos con los países vecinos era fundamental para mejorar la imagen internacional y convocar inversiones extranjeras.

La convergencia de líderes regionales de izquierda y centro izquierda fue un factor de acercamiento entre los países de esa ideología y de virtual distanciamiento hacia los de concepciones de derecha y/o pro estadounidenses.

El ingreso de Venezuela al Mercosur significó para la Argentina una posibilidad de disminuir la esfera de influencia de Brasil. En cambio, para Brasil, la entrada de Venezuela al bloque fue un acto más de “paciencia estratégica” (Gonçalves y Lyrio, 2003) hacia la Argentina.

A partir de 2004, con la Unasur[1], aparece en el escenario regional un nuevo comportamiento con foco en la integración. Se trata de una organización que busca redefinir las relaciones entre los países, en donde la política, la seguridad y defensa; y lo social son pilares de las negociaciones, ya no siendo el comercio único factor modelador de las relaciones como lo fuera el Mercosur. Hubo así, una creciente necesidad de alguna institución que agrupase y coordinase a las que ya existían.

Otro aspecto relevante de la Unasur es su clara intención de salir de la esfera de EE.UU., ya que ahora América del Sur es – en teoría – el espacio de actuación de Brasil. Para los vecinos sudamericanos pertenecer a la esfera de influencia brasileña (y ya no más a la  estadounidense) se presenta como una opción mucho más tolerable, porque el discurso brasileño enaltece la igualdad de las naciones, el diálogo, la conquista del desarrollo y la redistribución, cuestiones que permean los intereses generales de la región. Sin olvidar, el esfuerzo por generar un sentimiento de identidad sudamericana.

En 2008 fue creado el Consejo de Defensa Sudamericano, en lo que Paredes (2010) llamó acertadamente de “integración integral”, ya que a través de una serie de mecanismos cooperativos se armonizaron diferentes procesos regionales.

En este marco de compromisos políticos se incluye la creación del Parlamento del Mercosur (Parlasur), el Mercosur Cultural y Educacional, que ganó vigor a partir de 2003; el Mercosur Social, con la creación en 2005 de su Secretaria Permanente y en 2009 con el funcionamiento del Instituto Social del Mercosur. Y altamente relevante para el avance de los derechos de tránsito de los ciudadanos mercosureños fue el Acuerdo sobre Residencia del Mercosur: Decreto 6.964/2009, que permite la residencia temporaria (2 años) y luego permanente, si así se solicita, de cualquier ciudadano de los países miembros plenos o asociados del Mercosur, en cualquiera de los países del bloque.

 

—————————-

[1] En 2000 fue creada la Comunidad Sudamericana de las Naciones (CASA) que a partir de 2004 fue llamada Unión De Naciones Sudamericanas (Unasur).

 

Referencias bibliográficas:

MALLMANN, Maria Izabel. O Brasil como paymaster do projeto de integração sul-americano. IN RESENDE, Erica Simone Almeida (Org.) y MALLMAN, Maria Izabel (Org.). Mercosul 21 anos: Maioridade ou imaturidade?  Curitiba, Ed. Appris, 2013.

RAPOPORT, Mario. Las políticas Económicas de la Argentina: Una breve historia. Buenos Aires, Planeta, 2010.

GONÇALVES, José Botafogo y LIRYO, M.C. Aliança estratégica entre Brasil e Argentina: antecedentes, estado atual e perspectivas, Rio de Janeiro, Dossiê CEBRI Vol. 2 Año 2, 2003.

 

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Esta entrada fue publicada en abril 22, 2015 por en Instituciones y etiquetada con , , , , , , .
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