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Entrevista a Aram Aharonian: Sobre la democratización de medios en América Latina

aharonian

Hoy a las 11 de la mañana tuve el gusto, junto con Care Vivas y Daniele Martins Monge, de entrevistar a uno de los fundadores de Telesur, el periodista y docente uruguayo Aram Aharonian, quien con mucha paciencia nos concedió más de una hora para hablar de Telesur, de la realidad comunicacional latinoamericana, de sueños, utopías, desafíos  y concreciones.

De más está decir, que la charla fue muy enriquecedora y por eso mismo seleccioné algunas partes para disponibilizarlas acá. Esta entrevista es parte del libro que lanzaremos el año que viene sobre el canal y su trayectoria, como parte de la Convocatoria Hacia un Consenso del Sur para el Desarrollo con Inclusión Social, financiada por el Ministerio de Educación de la Argentina y en la que participan la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Universidade do Estado do Rio de Janeiro (UERJ).

Sin más, sigue parte de la entrevista:

 

¿Cómo nace Telesur?

El proyecto es un viejo anhelo, una vieja lucha de trabajadores de la cultura, comunicadores, periodistas latinoamericanos que durante muchos años hicimos distintas propuestas y tuvimos distintas frustraciones tratando de buscar instrumentos de integración comunicacional. Y estos proyectos, lamentablemente, siempre que se cambiaba de ministro de comunicación, se caían. Entonces, llevábamos muchos años de frustraciones. Cuando digo que es un viejo anhelo, una vieja lucha, me refiero también a que por eso mismo, muchos compañeros fueron desaparecidos, muertos, torturados durante las dictaduras. Sin embargo, creo que por fin pudimos demostrar que era un proyecto que se podía hacer.

Cuando arrancamos, lo más lindo que me dijeron fue que era un “distribuidor de utopías”. Yo dije “gracias, jamás se me había ocurrido” (risas). Otros nos dijeron que estábamos locos, otros nos decían que estábamos tratando de vender algo irrealizable, pero la realidad es que para que saliera este proyecto se dieron una cantidad de confluencias. Una de ellas fue la posibilidad, la creación de un marco conceptual. Segundo, hubo un abaratamiento de los equipamientos televisivos, por ejemplo antes de 2005 una cámara podía salir 50 mil dólares y después con la venta masiva de las mismas, empezaron a valer unos 5 mil dólares, lo que hacía viable un concepto televisivo. Hay que tener en cuenta que generalmente cuando los periodistas se ponen a hablar de un proyecto de integración siempre piensan en algo escrito, gráfico y demás. Nosotros creíamos que la forma de dar un paso adelante era llevarlo a la TV. Primero había que demostrar que se podía hacer, luego había que ganar voluntades.

El proyecto anduvo dando vuelta por Latinoamérica en una carpeta, por tres o cuatro años. Después hubo un momento de inflexión, con el golpe de Estado en Venezuela, donde se entendió la necesidad de contar con herramientas de difusión que pudiera llevar un mensaje, ya que los medios hegemónicos monopolizaban enteramente la difusión. No había ningún espacio para poder dar algún mensaje que no fuera el hegemónico. La información de la región la daba CNN en español, que se encargó, durante 10 diez años, de invisibilizar a negros, indios y a las grandes mayorías latinoamericanas, o sea, no nos veíamos. Veíamos lo que ellos querían que viéramos. Así, se fue creando conciencia, y después de largas conversaciones, y con el respaldo de Hugo Chávez nació Telesur. Igual no fue una cosa de “mañana sale”, sino algo muy debatido y discutido en reuniones, giras de Chávez para traer al proyecto a otros países, para que fuera algo de muchos países con la misma necesidad de difundir noticias, anhelos, la realidad histórica de cada país. En el proyecto trabajó realmente poca gente, sobre todo porque estábamos en diferentes lados y cada uno tenía su propio trabajo.

Había discusiones sobre cómo financiarlo, primero se pensó en capitales mixtos, públicos y privados, luego en un canal multiestatal, también – como ya dije – entusiasmaba la baja de precios en los equipamientos y la promesa de Chávez de dar el financiamiento inicial.

Entonces, a inicios de 2005 salió un decreto en Venezuela, donde se pone en marcha la Nueva Televisora del Sur que es una empresa del Estado, con el fin de convertirse en una multiestatal latinoamericana. En mayo de ese mismo año empiezaron las primeras transmisiones y en octubre salió al aire el canal 24 horas. O sea, fue un parto a término, de nueves meses (risas).

Esos nueve meses sirvieron para vender la idea en el exterior, la “locura” pasó a ser una cuasi realidad. Había muchas promesas, ideas, necesidad de que sí se podía hacer. Yo creo que Telesur fue una revolución en la comunicación latinoamericana, marca un antes y un después, marcó la posibilidad de hacer cosas, de seguir soñando, de caminar hacia la utopía y creo que ese sueño que tuvimos muchos, durante muchos años se pudo llevar a cabo, sobre todo porque nosotros hicimos algo muy inteligente que fue no condicionar todo al financiamiento.

Generalmente cuando se inicia un proyecto, se dice “necesitamos plata para esto, no la tenemos, no se puede hacer, punto”, entonces se prostituye el proyecto, se hace lo que se puede con el dinero que haya. Creo que el mayor problema que tenemos no es que nos falta dinero, sino que nos faltan ideas. No hay ningún dinero que compre las ideas.

 

¿Cómo fue la participación de los demás países, de Argentina, Ecuador, Bolivia, etc. en el proyecto?

Fue de a poco, se fue logrando en las giras de Chávez, conversando con los presidentes, ministros, después de mucho debate. Sin embargo, hasta ahora no se logró crear – además porque no es fácil eso, hay que pasar por Congresos, y diferentes instancias burocráticas y constitucionales difíciles de lograr – un acuerdo multiestatal real, hay aportes de otros países pero informalmente. Por otro lado, no creo que haya habido una gran voluntad de avanzar en eso.

 

Telesur pretende representar a los latinoamericanos, pero su programación es cada vez más venezolana, a veces demasiado local, cuestión que aleja a otras audiencias. Pensamos que eso esté relacionado con el financiamiento que es mayormente del Estado venezolano. ¿Usted lo ve así?

No. El problema no es el financiamiento. Esa es una mirada muy cortita. El problema es que no se entendió el concepto. A ver… Lo explico mejor. Creo que la gente que siguió con el proyecto, no creyó en el proyecto. Siguió copiando formatos y modelos, contenidos de lo que se suponía que iba a ser una alternativa. Pero primero tenemos que entender qué es un medio alternativo. ¿Alternativo a qué? No pensar lo alternativo como marginal. O sea, una pequeña radio, un pequeño medio, donde mi abuela capaz me podría ver los domingos, un ratito, quizás, y que no tuviera ninguna trascendencia, tan marginal que estaba en pequeños nichos que moriría en esos propios nichos y muchas veces con financiamiento del exterior. Porque el financiamiento puede servir para muchas cosas, entre otras, para invisibilizar, para matar, para enterrar. Entonces el problema no es el financiamiento, solamente. Lo alternativo es otra opción a la información, que es trasendente.

Telesur tenía por misión presentar la diversidad latinoamerica, política, de opiniones que hay en el continente, rescatar y recuperar la memoria, pero no como lo hace el History Channel que es una visión totalmente colonialista, sino recuperarla para saber de dónde venimos, porque los pueblos que no saben de dónde vienen, difícilmente sepan hacia dónde van. No con una visión nostálgica pero sí con una visión de pueblos vivos, que están peleando, que tenemos grandes frustraciones, pero que estamos vivos.

Entonces, ahí tenemos que pensar otra cosa. ¿Qué tenemos en común los latinoamericanos? Lo de la colonización es un verso. Lo que tenemos en común es que somos informales, coloquiales, tenemos un sentido del humor generalmente transversal y cínico, producto de muchas penurias, y el formato en el que pretendemos traducir todo eso ¿es un señor de corbata y camisa que dice noticias? ¿Cómo hacés para identificarte con el del frente? ¿Cómo traés al telespectador a tu mesa?

El primer slogan que tuvo Telesur era “Nuestro Norte es el Sur” que es una frase de un catalán uruguayo, y después la idea inicial era que todos somos Telesur, o sea que Telesur no era un genio que le estaba explicando a los indios de qué se trataba todo. Es decir, es un problema desde lo cultural, de colonización cultural. Estamos colonizados y creemos en ese formato externo, que así es y así debe ser. Es mentira.

Esa cercanía que tenía Telesur con el espectador se fue perdiendo y ahora hay una lejanía muy grande, en donde están los PRESENTADORES, que además tienen voz engolada, y la gente que está por allá. Nosotros los sabios y ustedes los indios. Es la misma visión de CNN en español. Y todo eso, escondido detrás de palabras de “calidad técnica”. Es como creer que la calidad radica en la última computadora. Sería bárbaro que todos tengamos la última computadora, pero el tema es para qué. Si no la sabemos usar, no sirve para nada. Si hace 40 años se necesitaban fuerzas armadas para imponer modelos políticos, económicos y sociales, hoy se necesita el control de los medios de comunicación para imponer los mismos modelos. Ya no te bombardean la plaza ni la fábrica, el bombardeo permanente es 24 horas en tu dormitorio, en la sala de tu casa, con las mismas informaciones, con las mismas publicidades, las mismas series, el mismo mensaje. Si no entendemos eso, que la batalla es simbólica, que el campo de batalla ha cambiado, que es una batalla cultural, de ideas, de lenguaje, vamos a perder la batalla. Vamos a dedicarnos a otra cosa, a imitar.

Hay otra confusión.

Creemos que democratizar la información es democratizar las frecuencias de radio y TV. Primera salvedad: las frecuencias son patrimonio de la humanidad administrados por los Estados, nadie es dueño de nada. Segundo: ¿para qué quiero yo cien nuevas frecuencias, otras tantas emisoras, si no tengo nuevos contenidos?

Cuando iniciamos Telesur venía con dos proyectos conjuntos. Uno era la televisora que era el proyecto externo, y otro era la Factoría de Contenidos, que era juntar el acervo latinoamericano, no sólo lo producido por Telesur, sino por otros proyectos, de acuerdo a nuestra visión, a nuestra visión editorial y a nuestra memoria histórica. Lo primero que asesinaron fue la Factoría de Contenidos. ¿Por qué? Porque no se podía hacer negocios con las productoras. Y el verso es siempre el mismo: la excelencia, la calidad.

Hoy, lamentablemente, pasa eso con la Ley de Medios en Argentina. Porque no se entiende que no hace sólo falta tener más frecuencia, hace falta contenidos, saber para qué queremos la frecuencia, saber quién va a ser la masa crítica a la que le enviemos el mensaje, tener contenidos nuevos que tenga que ver con nuestra gente. La batalla cultural no es decir “Clarín miente” o “A Globo mente”, o “El Comercio miente” y seguir la agenda de ellos todo el día. No tenemos agenda propia. Y hablo de todos los países en general.

Una ley permite hacer cosas que antes no se podía, pero la democratización no viene por decreto, la tenemos que hacer nosotros. Para eso hay que capacitarse, saber, tener una agenda propia. Es más, nuestros propios gobiernos se dedican más en desmentir a los medios que en informar lo que pasa, lo real. La única que está hablando de lo que pasa es la presidente argentina, la única que marca agenda. En otros lados, se ha llegado a hablar de que tal ex presidente va a ser acusado de que talvez haya robado, tal vez, y todos hablando de eso. Ridículo. Seguimos las agendas de ellos. Los gobiernos son reactivos. No proactivos. Entonces pierden desde el inicio. Pierden de informar, de sentar agenda. Están más dedicados en mostrar que los medios mienten que en decir lo que pasa. Y en realidad, si lo pensamos… ¡¿a quién le importa que Clarín o la Globo mienta?!

 

Y en este panorama, ¿cómo ve el trabajo de las universidades?

Mal. Hace 40 años que no revisan la teoría, que no saben lo que ha cambiado. Hace 40 años América Latina era líder en temas de comunicación y democratización. Hoy en nuestras universidades seguimos hablando de los mismos textos de hace 40 años. No sabemos en qué países vivimos, en que continente estamos, para qué se usan las nuevas tecnologías. Hablamos de cosas no existen, que pasaron. La teoría de nuestras universidades no acompaña la praxis. Hemos avanzado mucho en praxis, nada en teoría. Los estudiantes de comunicación o periodismo salen con ideas abstractas, sin idea de cuál es su función social. ¿Para qué sirve un periodista? Ahora, si estudiaste seis años para ser modelo de TV, te digo que hay formas más fáciles de llegar a eso.

Copian formatos de afuera y creen que hacen periodismo. Aprenden a manipular, a condicionar la opinión. Ya te digo, no necesitás ir a la universidad para hacer eso. Hoy, en general, América Latina escupe miles y miles de periodistas y comunicadores por año que si tienen registro para conducir pueden muy bien ser taxistas.

(…) El problema es que hablamos mucho de liberación, ponemos cartelitos, gritamos liberación y lo que tenemos que liberar son los 2.200 cm³ que tenemos en la cabeza, reformatear el disco duro, tenemos que pensar todo de nuevo y ver cómo hacer para que esto que llamamos democratización de la comunicación sea una realidad y no quede solamente en una ley, o ni siquiera se llegue a esa ley en algunos países como en el caso de Brasil, o quede en una ley que no sirva para darle voz e imagen – ese es el fin de todo esto – darle voz e imagen a todos aquellos que durante más de 200 años de independencia no han tenido ni voz, ni imagen, que fueron invisibilizados, ocultados, ninguneados, y siguen siendo invisibilizados, ocultados y ninguneados, muchas veces hasta por los canales estatales.

 

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Esta entrada fue publicada en septiembre 12, 2015 por en Personalidades y etiquetada con , , , , .
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