Pauta Global

Un blog sobre Economía Política Internacional

Polanyi y las sufragistas

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Ayer vi la película de Sarah Gavron “Suffraguettes” de 2015, y quedé profundamente conmovida. No sólo por la causa feminista -como puede parecer obvio- sino porque desde siempre sentí esa mezcla de odio, dolor y repulsión hacia lo injusto.

Lo injusto es un tema amplio. Tal vez de los más amplios en el universo de los conceptos, y como ya conté acá, el tema de la Justicia mueve, en esencia, todas mis curiosidades. Sea entendido esto como el lugar de los oprimidos en una visión general de las sociedades, o de sectores sociales, y aún más en cuestiones de países, Estados y el propio sistema internacional.

En este sentido, la película muestra la lucha de las primeras militantes británicas por el voto femenino y la igualdad de derechos civiles con los hombres (entre ellos, la tenencia de los hijos, del salario y de su propio cuerpo y dignidad), muestra también, de la mano de una fotografía impresionante, cómo se vivía la revolución industrial de fines del siglo XIX y principios de siglo XX en Inglaterra; cómo eran las condiciones de vida del trabajador urbano; y cómo ese mundo era tan oscuramente opresor.

Siendo así, no pude menos que relacionar la película a la obra maestra de Karl Polanyi “La gran transformación” de 1944, en donde el autor describe los horrores de esta época, expone el mito del libre mercado y sus deformaciones, tan actuales en nuestros días…

“Las sufragistas”, título de la película en español, se integra a la perfección en el famoso concepto de “doble movimiento” del que habla Polanyi para definir los orígenes de nuestra época.

Antes de adentrarme en el doble movimiento, hay que resaltar que, anterior al momento histórico de la película, entre 1795 y 1834 se impidió en Inglaterra la creación de un mercado de trabajo a través de la Speenhamland Law del que el propio Polanyi habla largo y tendido.

La Speenhamland Law le aseguraba al pobre y campesino una renta mínima, en lo que se consideraba “el derecho de vivir”, pero su mala aplicación (ahora no viene al caso explicar las condiciones económicas, políticas y sociales que hicieron de esa ley un fracaso) bajó la productividad del campo y pauperizó la producción. Siendo así, el Estado inglés se debatía entonces entre el paternalismo y el sistema de mercado.

Hay que entender que a mediados del siglo XVII y hasta entrado el siglo XVIII, el concepto de trabajo como mercaduría era aún extraño. De igual manera era el uso corriente de la moneda. Tener dinero, usar dinero era una cosa rara, las familias que tenían alguna pose (en esto no incluyo a la alta nobleza y la haute finance que obviamente sí lo tenían y necesitaban cada vez mayor circulante) no guardaban dinero, la riqueza se medía en tierras y otros recursos físicos. El uso del dinero y del trabajo empieza a cambiar una vez instaurada la revolución agrícola (que antecede a la industrial) con el cercamiento de las tierras antes comunitarias, el sistema de alquiler de tierras, los nuevos métodos agrícolas y la confiscación masiva de los derechos de las tierras comunes. Es ahí donde los campesinos empiezan a necesitar de dinero y también en donde empieza a haber flujo migratorio interno hacia las ciudades.

La Speenhamland Law fue abolida en 1834 y en ese año se instauró su reemplazo, la Poor Law Reform[1] que anulaba “el derecho de vivir” y establecía el “mercado competitivo de trabajo”. Los costos de la Speenhamland Law habían sido tan altos que el Estado inglés eligió el sistema de mercado, idea apoyada por figuras como el (super-recontra) utilitarista Bentham, Burke, Godwin, Malthus, también estaban los liberales Ricardo, John Stuart Mill, y hasta Marx y Darwin creían que una reforma de la vieja Ley de los Pobres sería mejor que la entonces actual Speenhamland. Esta variedad de cabezas coincidian en la reforma, pero demás está decir que diferían visceralmente en sus aplicaciones, métodos y argumentos.

Según explica Polanyi (2012) la abolición de la Speenhamland Law representó el nacimiento real de la moderna clase trabajadora y de una nueva clase en el escenario social: la clase media, pero también generó la confianza ciega en la utopía del libre mercado.

La novedad de este periodo de la economía inglesa (que después se replicó en todas las economías occidentales) es el incremento exponencial del lucro de los dueños del capital, de las fábricas especialmente. Se nota un crecimiento nunca antes visto de los recursos de la burguesía, de los bancos y banqueros, y de la asociación entre parlamentares y el capital.

Por su parte, el trabajador vivía casi en la indigencia y esto no mejora con la introducción de las máquinas. Al contrario, “su situación es la de la degradación y la miseria”. Esto también se puede ver en los clásicos de Chaplin, que en todas sus películas (TODAS) tiene enfoque central el lugar del trabajador en las cadenas productivas modernas.

Siendo así, el escenario del trabajador urbano o rural es tan paupérrimo que Polanyi asegura que lejos de esa idea de progreso y desarrollo que nos enseñaron en la escuela, la revolución industrial estaba causando tal desarticulación social que el destino de la sociedad misma corría peligro de extinción y que “el problema de la pobreza era apenas el aspecto económico de este hecho” (Polanyi, 2012, p. 142). De ahí viene el famoso “doble movimiento” de Polanyi, que se traduce en la “autoprotección de la sociedad”. Es decir, si por un lado el mercado se expande continuamente, existe a su vez un movimiento defensivo de la sociedad, un contra movimiento, que tiene como objetivo la protección social, o sea, demandar intervencionismo para frenar el abuso del mercado sobre la sociedad. Al liberalismo económico, al laissez faire del comercio se le planta el intervencionismo estatal, activado por los grupos oprimidos, que como bien dijo Durosselle (2000) alcanzan la “consciencia de lo insoportable”.

Y aquí es donde la película “Suffraguettes” se encaja perfectamente en estos entendimientos.

 

La situación de las mujeres sigue siendo injusta. Seguimos teniendo peores sueldos que nuestros colegas varones, aunque ocupemos la misma función y el mismo cargo. Seguimos sufriendo violencia de todo tipo en todos los ambientes. Aún las tareas domésticas están entendidas como un deber femenino. Aún se educa a los niños para que desde edad temprana desvaloricen a las niñas. Aún en el universo político, y también académico, las mujeres gozamos de menos respeto que los hombres.

Falta mucho por conquistar. La igualdad, que beneficia a mujeres y a hombres (ya que a ellos se los libera de esa ridiculez de tener que ser siempre fuertes, siempre duros, siempre proveedores) es una cuestión de justicia. Y la película retrata muy bien los primeros pasos de esas mujeres, que eran juzgadas y perseguidas también por otras mujeres. Mujeres, que como muchas de nuestros días aún educan a sus hijos varones para obstruir la igualdad, basadas en moralidades y éticas oprimentes.

Esas primeras mujeres lucharon no sólo por igualdad de derechos civiles, lucharon por justicia y libertad. Son, a mi entender, fuente inagotable de gran inspiración.

Encierro estas reflexiones con una de las últimas frases de Polanyi de “La Gran Transformación”:

La libertad jurídica y real puede ser más amplia y más general de lo que fue en cualquier otro tiempo, la regulación y el control pueden afectar la libertad, pero para todos y no apenas para algunos. Libertad, no como complemento de un privilegio contaminado en su fuente, sino como un derecho sagrado que se extiende mucho más allá de los límites estrechos de la esfera política y que afecta la organización íntima de la sociedad. Así, las antiguas libertades y derechos civiles serán agregados a la nueva libertad (…). Una sociedad puede permitirse ser, al mismo tiempo, justa y libre. (Polanyi, 2012, p.281)

 

Acá el trailler de la peli:

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[1] Entre 1536 y 1601 existió la Poor Law que fue considerada un verdadero desastre, pero sus enmiendas constituyeron la meta del código del trabajo sobre el cual, mucho después, se basaría el sistema de empleo en Inglaterra.

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Referencias bibliográficas:

DUROSELLE, Jean-Pierre. Todo Império Perecerá. Brasília: UnB, 2000

POLANYI, Karl. A grande transformação: as origens de nossa época. Rio de Janeiro: Elsiever, 2012.

 

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Un comentario el “Polanyi y las sufragistas

  1. Me gustó el concepto de Duroselle. Lo insoportable como motor de mejoras. La opresión siempre al límite. Apenas lo mínimo para poder seguir se cederá.

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Esta entrada fue publicada en enero 31, 2016 por en Análisis, Personalidades y etiquetada con , , , , , , .
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